Estabilidad económica y empleo, armonía o conflicto? “Aquí no trabaja el que no quiere”

Columna publicada en la Revista Acción, en diciembre de 1991.

 

“Aquí no trabaja el que no quiere”. En las últimas semanas esta frase ha cobrado notoriedad debido a lo encumbrado de la posición política de quien la expresó. No sólo eso. Pareció haber sido el corolario de una profusa campaña publicitaria desarrollada durante el mes de octubre pasado.

Dicha campaña puede ser vista desde dos puntos de vista. Uno de ellos, estrictamente técnico. El otro, eminentemente ético.

Vayamos por partes. En el primer aviso oficial (20-10-91, varios diarios), titulado “La Argentina da trabajo”, se indica en forma de subtítulo que “550.000 personas consiguieron empleo”. En el breve texto que le sigue se explican las virtudes de la estabilidad en tanto “primer paso hacia el crecimiento”. Este, a su vez -dice el anuncio- se pondría en evidencia a través del “aumento constante de la demanda laboral”. Y remata, como para que lo tomen en cuenta los trabajadores de SOMISA, de HIPASAM o de ZAPLA, con la afirmación de que “están surgiendo nuevas oportunidades de empleo”. A continuación un gráfico impactante: si en los últimos tres meses de Alfonsín y los tres primeros de Menem, la “demanda laboral” se supone igual a 100, en 1990 (en igual lapso o en todo el año?) ya era de 106, es decir luego de un año y cuarto de “revolución productiva”, pero en 1991 había trepado a 217. ¡Impresionante!

¿Qué se supone que indica la “demanda laboral”? Se trata de una estimación que realiza el INDEC desde hace años, tomando como referencia los avisos publicados en los diarios capitalinos pidiendo personal para distintas actividades. Es decir mide los requerimientos que hacen las empresas para atender sus necesidades. Naturalmente lo que no se sabe es la efectividad de tales avisos en cuanto a incorporación de personal. Por otra parte, al desconocerse la ubicación del período que se adopta como punto de partida dentro de las tendencias históricas del indicador, se pierde la posibilidad de interpretar adecuadamente sus resultados. Sin duda, en medio del escándalo hiperinflacionario de 1989 es difícil imaginar un volumen de avisos significativo, al margen de que se produjera la rotación habitual y permanente de personal, la cual en los últimos años ha venido siendo cubierta por las empresas de empleo eventual o temporario. Si se tiene en cuenta que en los últimos 45 años en la Argentina la población crece anualmente menos que un dos por ciento, y las personas activas menos que 1,5% por año, la duplicación (es decir un 100%) de la demanda laboral no puede indicar nunca una variación del empleo, pues de ser así, en este año 1991 habría aumentado en igual magnitud que la suma de las últimas CINCO DECADAS. Supongamos, entonces, que se trata de una “licencia poética”.

A reglón seguido, bajo el título de “A partir del plan de convertibilidad” y junto con cifras que se retoman en los avisos siguientes se lee: “Entre mayo de 1990 y junio de 1991 la ocupación urbana creció un 5,5%, esto significa que 550.000 personas consiguieron incorporarse al mercado laboral”. Que se sepa, el plan de convertibilidad no empezó en mayo del ’90 sino un año después, razón por la cual si tales cifras fuesen verdaderas, no se referirían a los resultados del plan el cual, en junio de 1991 apenas se había iniciado. Se trata de una confusión del tipógrafo? O quizás de los efectos del exceso de tareas de parte de quien tuvo a su cargo la redacción del aviso?  Por otra parte, si la “demanda laboral” se duplicó, cómo puede ser visto como un logro, un modesto aumento del 5% del empleo? Parece que no sólo no cierran las cuentas fiscales sino tampoco estas del aviso en cuestión.

Nuevamente, si nos olvidamos de la “demanda laboral” y nos quedamos sólo con el 5% de aumento del empleo urbano surgen dos elementos adicionales. Por una parte la fuente indudable es la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y sus diseñadores y responsables advierten permanentemente a los usuarios de la misma que sus resultados valen como estructura porcentual, nunca por sus valores absolutos (con justificativos técnicos valederos que no vienen al caso detallar aquí). Por lo tanto tomar de esta encuesta cifras que indican variación en los niveles absolutos del empleo es más que una osadía. El segundo elemento tiene que ver con las mismas cifras de la EPH. En el Area Metropolitana de Buenos Aires, la tasa de actividad (proporción de personas que se encuentran en el mercado de trabajo respecto del total de la población) se mantuvo entre ambas fechas exactamente en el mismo valor (40,7%). De allí que la única manera en que puede subir el empleo es por el aumento global de la población (apenas por encima del 1% en el Gran Buenos Aires. anualmente) y/o por la baja de la desocupación (otros dos puntos), todo lo cual arrojaría en el mejor de los casos un valor en torno a la mitad de lo indicado en el aviso. Se tratará de otra “licencia poética”? Recordemos, además, que el promedio de incorporación anual al mercado de trabajo desde 1946 es de poco más que el 1%.

Pero quizás lo más tragicómico de esta campaña publicitaria se encuentra en los dos avisos siguientes. En el primero, dedicado a la industria se lee que la producción creció desde el inicio del Plan de Convertibilidad en un 25% y que, “al mismo tiempo, la demanda laboral industrial registró un impulso del 173,6%”. Si el Fondo Monetario Internacional necesitara un elemento para oponerse al Plan y quitarle el apoyo brindado, este anuncio le vendría como anillo al dedo. En efecto, si la demanda laboral equivaldría al empleo efectivo -como engañosamente pretende hacer creer la campaña publicitaria comentada-, los seis primeros meses de vida del Plan Cavallo serían los más terribles desde el punto de vista económico puesto que la productividad habría caído estrepitosamente. Ello es así debido a que el supuesto aumento del empleo sería seis veces superior al aumento de la producción. Y en el caso de la construcción (motivo del tercer aviso, del 27 de octubre) es aún más impresionante dado que la relación sería de diez a uno.

El mismo domingo 27 de octubre, el gremio mercantil publica un aviso en el que se señala las razones por las que se declaran en “Estado de Emergencia Salarial” (nótese que este gremio no es precisamente opositor ni al gobierno ni al plan). En la solicitada se muestra que durante los mismos seis meses (abril-setiembre) “convertibles” el salario del gremio se mantuvo inamovible mientras los precios al consumidor se elevaron en el 18% y la canasta alimentaria incrementó su valor en el 28%. O sea que la estabilidad es la de los salarios, pero no la de los precios.

Las insostenibles afirmaciones del Ministerio de Economía en los avisos comentados se entrelazan con las expresiones presidenciales en el sentido de que en el país la desocupación habría disminuido del 12 al 6%. Nunca el promedio nacional del desempleo llegó a los dos dígitos. Y en el caso del Gran Buenos Aires, en mayo de 1989 la desocupación era del 7,7% y en junio de este año bajó al 6,4% (sin olvidar que en mayo de 1990, un año después de la asunción del actual gobierno, había alcanzado el 8,8%). Lo terrible de todo esto es, en definitiva, la ligereza con que se manejan las más altas autoridades, destruyendo de ese modo los cimientos mismos de la moral y la ética en la vida de una sociedad. Por qué razón un plan de gobierno debe ser sostenido en base a tales “equívocos”?

 

Noviembre de 1991                                                                                                                       Javier Lindenboim

Share

Notas de JL

Economista; abuelo de tres hermosuras: Luli, Tini y Tomi; en fútbol sigo a San Lorenzo de Almagro. Sufriente admirador de Buenos Aires.