La situación de los jóvenes en materia laboral

El periodista lee y comenta una columna enviada a un medio -pero que éste no publicó- acerca del impacto en los jóvenes de las duras condiciones del mercado de trabajo. Radio del Plata, agosto de 1993
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DESGRABACION

Pepe Eliashev – Un miembro del Instituto de Investigaciones Económicas de la Facultad de Ciencias Económicas, me refiero al Licenciado Javier Lindenboim que me ha hecho llegar un texto que ciertamente habla – con mucha más propiedad de lo que yo podría – de una temática que a ustedes les importa muchísimo, la cuestión del empleo. Porque siempre se dice que el futuro es de los jóvenes, el futuro es de los jóvenes, el futuro es de lo jóvenes y ¿el futuro es de los jóvenes? Esto es lo que se presenta, lo que se pregunta a Javier y lo responde con este texto: Che, loco, ¿cómo hiciste para conseguir laburo? Yo hace más de un mes que ando buscando – le larga Roberto a Julián – Ah, a mí me lo consiguió el viejo – le contesta Julián con cara de yo no hice nada – con razón y ¿qué tal, es de onda? Mirá, yo digo que hago cosas de oficina pero la verdad me tienen de che pibe, de acá para allá pero eso si, si no terminaste el cole, no te toman.

De toda la población mayor a catorce años – afirma Javier Lindenboim – uno de cada diez son jóvenes de veinte a veinticuatro años, de todos los que están en el mercado de trabajo son uno de cada ocho pero entre los desocupados son uno de cada cuatro o dicho de otro modo, uno de cada ocho jóvenes que tienen trabajo o lo buscan, están desempleados. Sin embargo, cono ser esto suficientemente serio, más delicado aún es el tema de ingreso, o sea de los sueldos.

¿Y de guita? – pregunta Laura con sus ojitos picaros y los libros de la facu que parecen que le pesan una tonelada – Más que los jubilados – responde Julián mirando para otro lado – Mirá flaco, lo que yo sé es que lo que podés encontrar es algo de pocas horas, para hacer boludeces, no te anotan y con el secundario hecho y después de los dieciocho – dice Roberto con cara de pocos amigos y recordando sus paseos matinales, recorriendo los lugares indicados en los avisos – bueno no sé. Pero Luciana dice que está re bien donde trabaja – insiste Laura –  ¿qué hace?, ¿cuánto saca? – preguntan a coro los otros dos – No estoy segura, creo que es en un juzgado o algo así pero gana bien. Entre los muchachos se miran. Laura continúa: como cuatro palos. Decime – pregunta Roberto – ¿ella no estudiaba para contadora? Si, qué tiene – insiste Laura – pero tiene un montón de tiempo para estudiar. Entra temprano pero termina a la 1, a las 2, no sé. Claro – Julián vuelve a la carga – si, total, mientras los viejos nos banquen. Roberto insiste: pero ¿qué va a hacer cuando se reciba? El silencio fue la única respuesta.

El deterioro de los salarios y el de las formas de contrataciones van de la mano. Quien está trabajando de manera temporaria en principio está peor que el estable o permanente. Quien está registrado estará mejor, vacaciones, aguinaldo, obra social, que el que trabaja en negro. Pues bien, esto afecta sensiblemente más a los más jóvenes. De cada cuatro asalariados en el Gran Buenos Aires – y sigo leyendo a Javier Lindenboim – uno es menor de veinticinco años pero esa proporción se hace mayor entre los que no son estables aunque estén registrados – más del 30% – aún peor es la situación de quienes están en negro aunque en principio la duración del trabajo sea ilimitada, 36%. El caso extremo es de los que hacen changas, temporarios, no registrados en donde los menores de veinticinco años son casi la mitad.

Luís ya estaba callado, escuchaba a sus amigos mientras pensaba en sus sueños con Mariana. Hace tiempo que viven juntos y tienen ganas de tener un pibe pero, ¿cómo hacer? Apenas pueden pagar el departamento con la ayuda de los viejos pero ¿tener un hijo? Como despertando de golpe, interrumpe: Pero si, si dicen que hay más trabajo y que en tres años habrá como un millón de puestos más.

En la Ley de Empleo de 1991 se establecieron normas de flexibilización destinadas a crear trabajo entre otros, para los jóvenes. Luego de un año y medio sin embargo éstos no se enteraron.

¿Y si nos vamos para el primer mundo? – pregunta Roberto – De qué hablás – opina Julián – ¿no viste que en Europa hay más desocupados que acá? Pero – agrega Laura – ¿no era que el futuro es de lo jóvenes?

Así concluye este trabajito que me hace llegar y por el cual le agradezco muchísimo. Javier Lindenboim que es investigador de ciencias económicas y que resume de una manera –yo diría – muy dramática y enormemente elocuente lo que sucede con al generación de jóvenes a la que se le cuenta una cierta versión de lo que les espera en la vida y que sin embargo confrontan realidades que son infinitamente más desalentadoras. Y esto viene a título de que hoy por hoy está de moda en ciertos círculos hablar de la panacea de la flexibilización como la única manera de que los muchachos jóvenes obtengan su primer trabajo, porque se dice: los empresarios no toman personal con relación de dependencia a menos que haya cláusulas que no los esclavicen de modo sistemático a tener que seguir empleando a los mismos muchachos. Es real, es real y es oportuno puntualizar que sería necesario establecer vínculos con un grado suficiente de libertad como para que el estímulo de parte del empleador exista. O sea, no ahuyentar a los empleadores con normas demasiado precisas, con normas demasiado esclavizantes pero por otro lado, también es cierto que es necesario establecer un piso de garantía y un piso de seriedad para que el pretexto de generar mayor demanda de trabajo hacia los jóvenes no ingresemos en una especie de jungla de actividades absolutamente ilegales, consagradas de facto, con sueldos irrisorios, con incumplimiento de elementales normas de conducta para con los empleados.

Hay que reflexionar que el mundo anduvo mucho hasta que se fueron edificando legislaciones sociales que no eran el producto de demagogos o de populistas o de ideólogos de doctrinas trasnochadas sino el reclamo de la gente por vivir mejor. Y estas garantías, estos derechos son un patrimonio que no debe, no tiene que ser rematado como quien está tirando por la borda cosas que no sirven. Por eso el lenguaje debe ser uno en donde se articulen estas dos perspectivas, la necesidad de que los empresarios tengan estímulos reales para poder tener mayor facilidad en la contratación de personal joven pero por otro lado, con las elementales y mínimas garantías para que esa desregulación, esa llamada flexibilización no se convierta en una suerte de vale todo. Por otro lado, hay responsabilidades, muchachos, que el estado no debe abandonar y que ustedes tienen que exigir. El estado tiene que asumir responsabilidades no solamente en el ámbito educacional sino también en el ámbito de la programación de alternativas, de inquietudes, de emprendimientos que susciten la posibilidad de que los jóvenes se integren a ellas.

El libre juego de la oferta y la demanda, el puro libre albedrío no incorpora gente al mercado automáticamente sobre todo en un país como la Argentina. En este punto, los jóvenes tienen derecho a reclamar y a organizarse para que la sociedad en su conjunto se haga cargo de la continuidad. No es benevolencia o beneficencia para los más chicos, es tener claro que no hay sociedad viable en el plazo intermedio y largo si no hay reproducción de recursos humanos. Y los recursos humanos deben ser protegidos, entrenados, mimados, educados, recreados y atendidos. Este es un reclamo que la gente joven puede formular con prudencia pero con energía y con absoluta legitimidad porque el futuro es de ellos y quienes somos menos jóvenes tenemos la obligación de hacernos cargo en serio de ese futuro.

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Notas de JL

Economista; abuelo de tres hermosuras: Luli, Tini y Tomi; en fútbol sigo a San Lorenzo de Almagro. Sufriente admirador de Buenos Aires.