El problema migratorio, es un problema?

Texto enviado a LA NACION, en diciembre de 1994

                                                       El problema migratorio, es un problema?

 

En los últimos tiempos los ciudadanos venimos siendo objeto de una serie de referencias -a veces de manera explícita, otras implícitamente- acerca de los impactos de la llegada de migrantes al país. Como ejemplos recientes pueden mencionarse las notas que vuestro diario publicara hace pocos días sobre el tema hospitalario, el artículo que hoy incluye el diario con la firma de Rosendo Fraga, las menciones realizadas en un importante programa periodístico dedicado al tema de la desocupación. La lista es mucho más amplia.

Un primer punto importante a este respecto es el de recordar que la movilidad territorial -incluso internacional- de los factores productivos, en particular la mano de obra, es un requisito singular en un esquema en el que el mercado dirime los principales movimientos de la economía. De allí que no parece lógico que al mismo tiempo en que existe una ostensible satisfacción por la llegada de capitales que -hasta ahora- han permitido compensar el importante y creciente déficit comercial y en cuenta corriente haya quienes se sientan perturbados por la supuesta llegada masiva de personas originarias de los países limítrofes.

En segundo término, tampoco parece razonable ni ético, que se exprese satisfacción por el arribo a nuestro país de grandes contingentes migratorios entre finales del siglo pasado y las primeras décadas del actual (“que contribuyeron a hacer grande a este país”) y en cambio ahora el mismo fenómeno se lo trate con criterios dispares.

En tercer lugar, el problema de las cifras. El señor Fraga, por ejemplo, sostiene que la migración limítrofe “podría llegar a 360.000 personas al año y esa cantidad equivaldría a tres puntos de la tasa de desocupación”. Tal afirmación acredita, al menos, algunos gruesos errores. Por un lado, si los desocupados en Argentina son 1.200.000, la cifra aludida sería del orden del 30% y no del 3%. En adición a ello, la ausencia de información estadística acerca del fenómeno restringe la argumentación a los escasos datos disponibles. En tal sentido, el INDEC ha recomenzado en 1993 a investigar a través de la Encuesta Permanente de Hogares y ha elaborado (aunque no divulgado) la limitada información obtenida en octubre de 1993 sobre el aglomerado “Gran Buenos Aires”. Allí puede observarse que sobre una población total de casi 12 millones de habitantes las personas arribadas en los últimos cinco años fueron 400.000 de los cuales apenas 100.000 provenían de otro país. De donde el promedio anual sería de apenas !20.000! cifra que representa apenas un 6% de la indicada por Fraga.

Adicionalmente de los 4,5 millones de ocupados en el GBA, sólo 50.000 eran nacidos en otro país, es decir el 1%. Pueden estas cifras dar lugar a argumentos que expresan -al margen de la intencionalidad de quien los emite- tanto una concepción de rasgos xenófobos cuanto un ocultamiento de la realidad de nuestro problema ocupacional?. Vale acotar finalmente que en el GBA sólo un 9% de sus habitantes son extranjeros. De ellos casi el 80% llegó al país antes de 1984. No hay forma de sostener, entonces, argumentos como éste para el análisis del problema del empleo en la actualidad. Sería mejor, sin duda, buscar los motivos de esta dramática situación social en nosotros mismos en lugar de adjudicárselos a quienes no corresponde.

 

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Notas de JL

Economista; abuelo de tres hermosuras: Luli, Tini y Tomi; en fútbol sigo a San Lorenzo de Almagro. Sufriente admirador de Buenos Aires.