Página 12 23-2-2008 En un dígito, se mida como se mida

ECONOMIA › EL GOBIERNO ANUNCIO QUE LA DESOCUPACION CERRO 2007 EN UN 7,5 POR CIENTO

En un dígito, se mida como se mida

Si no se cuenta como empleados a los que reciben el Jefas y Jefes, el índice sigue por abajo de diez, en un 8,2 por ciento. Es el mejor resultado desde la crisis de 2001, pese a que los especialistas señalan que el 40 por ciento del empleo es en negro y los salarios siguen sin recuperar todo lo perdido.

 Por Sebastián Premici
El nivel de desocupación del año pasado cerró en un 7,5 por ciento. Si se toman en cuenta como desocupados a todos los que reciben un Plan Jefas y Jefes de Hogar y por lo tanto realizan una contraprestación laboral, el nivel de desempleo cerró en 8,1 por ciento. Así lo afirmó ayer el Indec, que confirmó de esta manera el anticipo realizado en los últimas días de enero por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Esta baja de 1,2 puntos en la desocupación respecto de igual período de 2006 tuvo como marco el crecimiento del 8,7 por ciento de la economía. Más allá de estos datos que muestran una clara recuperación del mercado de trabajo desde la crisis de 2001, varios especialistas consultados por Página/12 indicaron que todavía no hubo una recuperación de la capacidad adquisitiva de los salarios y que el 40 por ciento de la masa laboral sigue en la informalidad.
El Indec dio a conocer ayer el avance de las tasas generales del mercado de trabajo obtenidos a través de la Encuesta Permanente de Hogares en 31 conglomerados urbanos del país, realizada entre octubre y diciembre del año pasado. En esta oportunidad se incluyeron los conglomerados del Gran Buenos Aires, Mar del Plata, Bahía Blanca y La Plata, ciudades que habían quedado relegadas durante la medición del tercer trimestre de 2007 por problemas administrativos y por una huelga, en el caso del Gran Buenos Aires.
Según el ente oficial, el nivel de subocupación fue del 9,1 por ciento. El nivel de demandantes, aquellas personas que trabajan menos de 35 horas semanales y quieren trabajar más, se ubicó en el 6,0 por ciento a fines de 2007, frente al 7,5 de igual período de 2006. Mientras que la subocupación no demandante se colocó en el 3,1 por ciento, dos décimas por debajo de la medición del año anterior. El ministro de Trabajo, Carlos Tomada, informó a fines de enero que el empleo formal creció 1,6 por ciento durante el último trimestre del año pasado y 5,6 contra igual período de 2006. Este aumento “significa el mayor crecimiento del empleo registrado durante 2007”, explicó Tomada, tras lo cual resaltó que el índice muestra 63 meses consecutivos de alza.
Más allá de estos datos favorables, todavía no ha ocurrido una real recomposición del poder adquisitivo de los salarios. Para Javier Lindemboim, economista del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo, ocho de cada diez

nuevos empleos que se crean son protegidos (aproximadamente se incorporan por año 600.000 nuevos trabajadores), pero cuando se mira la totalidad de la masa salarial –alrededor de 12 millones de personas–, el 40 por ciento está en la informalidad, 10 puntos más arriba que a principio de la década de 1990. A su vez, según Lindemboim, los actuales niveles de desocupación están por encima de los de la década de 1980.

Según un trabajo del Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino (Cenda), publicado en octubre del año pasado, los ingresos nominales de los trabajadores habrían crecido, entre 2003 y 2006, un 78 por ciento. Esa cifra pasa al 70 por ciento si se excluyen los ocupados a través de planes de empleo. En el mismo período, los precios de los bienes de consumo se incrementaron un 30 por ciento, de manera que los ingresos habrían crecido –para el Cenda– un 37 por ciento y un 30 por ciento si se dejan de lado los beneficiarios de Planes Jefas y Jefes.
“No hay parámetros para saber cuán real es el poder adquisitivo de los salarios, ni tampoco los índices de pobreza e indigencia. Por eso es muy difícil pensar en una recomposición salarial. Incluso, en las discusiones paritarias de estos días sólo se habla de volumen del salario y no de su calidad. Esta es la situación que está por detrás de las cifras oficiales de empleo”, aseguró a este diario la investigadora del Cenda Ana Laura Fernández.
Durante el primer semestre de 2007, el 10,6 de los hogares era pobre mientras que el 8,2 por ciento de la población estaba bajo la línea de indigencia, según datos oficiales. “Si bien ya salimos del purgatorio, como dijo el ex presidente Néstor Kirchner, la participación del trabajador en la renta total no es mejor que en otros años. La mejoría del mercado laboral debería servir para pensar que los dramas socioeconómicos no se resuelven simplemente con la baja en el desempleo. Ahora hay buenos niveles de ocupación, pero no desaparecieron ni la indigencia ni la pobreza”, explicó Lindemboim a Página/12.

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