La virtuosidad del empleo Página 12 30-10-11

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DOMINGO, 30 DE OCTUBRE DE 2011

OPINION › CLAROSCUROS DE LA DINAMICA DEL MERCADO LABORAL

La virtud del empleo

 Por Javier Lindenboim *

No sólo en Argentina se considera que la mejor manera de morigerar las desigualdades sociales es la creación de un amplio número de puestos de trabajo. Debido al impacto durísimo de las políticas de los noventa –que destruyeron millares de puestos y generaron otros tantos, pero de calidad mucho peor– también nos convencimos de que la pobreza desaparecería a medida que la economía recuperara el dinamismo creador de empleo. La salida de la crisis, facilitada por el modo en que se terminó con el “uno a uno” de los años noventa y por un cambio sustancial de las condiciones del comercio internacional, operó con la reapertura de miles de pequeñas y medianas empresas que dejaron de tener competencia externa “directa” por la gran devaluación del peso, lo que reactivó el mercado laboral.

El período 2003-2006 mostró al tiempo que un dinamismo económico parecido al de América latina (pero que no tenía muchos antecedentes en el propio país) un ritmo de creación de empleo que tampoco tenía precedentes en los registros existentes. En ese lapso el empleo crecía por año a un porcentaje similar al de toda la década de los noventa. Y eso duró cuatro años. Desafortunadamente, lo que siguió fue bien diferente. Entre 2007 y 2011 el empleo creció, en total, tanto como lo acumulado en los años noventa. Pero lo singular es que ése había sido el ritmo anual entre 2003 y 2007. Es decir, lo que interesa es el cambio de tendencia que transformó el aumento anual en el acumulado de cuatro años. Por lo cual, al mantenerse, salvo en 2009, el alto crecimiento económico y declinar fuertemente la creación de empleo, las condiciones de mejoramiento relativo de los trabajadores en “el reparto de la torta” se deterioraron rápidamente. Todo esto dicho haciendo malabarismos para superar los inconvenientes derivados de la carencia de estadísticas oficiales satisfactorias. Dicho sea de paso, es difícil no poner como hipótesis que tal distorsión a la información estadística socioeconómica esconda el propósito de evitar tal percepción.

No es éste el lugar para hacer un de-sarrollo argumental de carácter técnico al respecto. Sólo digamos que –según los números oficiales– el balance de creación de puestos desde 2003 hasta fines de 2010, sin computar a los beneficiarios de planes, fue del 25 por ciento. Ese porcentaje coincide con el incremento del empleo industrial. Pero desagregando sectorialmente, la rama que más aumentó en ese lapso fue la intermediación financiera (60 por ciento), seguida de restaurantes y hoteles (53 por ciento). La única subrama de la industria que superó la media alcanzando también el 53 por ciento es la de productos metálicos, maquinarias y equipos, explicada básicamente por el desempeño del sector automotriz. Un poco por debajo se ubican la construcción (48 por ciento) y tres componentes del sector servicio más la Administración Pública, con valores por debajo del 40 por ciento.

Si se separa aquí también en dos subperíodos, la nota característica es que el grueso del aumento en casi todas las ramas se observó en el primer cuatrienio, tendiendo a desaparecer dicho aumento en los años más recientes. De manera que el aumento del empleo post crisis difícilmente pueda diferenciarse, en cuanto a su composición predominante, del aumento del pasado inmediato. La distinción existente, y no es menor, es su cuantía.

En todo este período –a diferencia de la última década del siglo XX– el aumento de puestos de trabajo asalariado estuvo dominado por su buena calidad. Pero no significa que el número absoluto de trabajadores precarios haya disminuido. Al contrario. Hasta 2007 continuó subiendo pues la demanda laboral incluía principal, pero no exclusivamente, empleos protegidos. De allí en más habría disminuido en algo el número absoluto, pero excediendo los valores del período de la crisis de 2002.

Mirando al futuro, por tanto, deberíamos preguntarnos acerca de las posibilidades ciertas de preservar una dinámica de aumento del empleo en cantidad y calidad, incluyendo su remuneración, que tenga las virtudes de los años inmediatos a la crisis y no lo peligros de los años más recientes

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