Cuánto más podemos soportar la falta de estadísticas?

No podemos seguir sin estadísticas oficiales creíbles

Por Javier Lindenboim
21/07/12 – 11:55
A pocos días de la puesta en marcha de la “intervención” en el Indec (en febrero de 2007) tuve el penoso privilegio de escribir uno de los primeros textos, de una larga serie, acerca del problema involucrado en la distorsión de las estadísticas oficiales, en particular aquellas ligadas con los aspectos económicos y sociales.
Entre otras cosas allí se expresaba: “Ahora bien, ¿a quién le importa más que este tipo de estadísticas sean lo más certeras posibles? No caben dudas de que los trabajadores –que suelen “correr de atrás” la evolución de los precios– necesitan sólida información pasada y correctas previsiones para la discusión en las paritarias. Por ello es más que llamativo el silencio de las organizaciones sindicales y, en general, de la dirigencia gremial.”
El recordatorio viene a cuento –más de cinco años después de haber sido escrito– pues dos exponentes centrales y contrapuestos de la fracturada CGT coinciden ahora en descreer de las estadísticas publicadas oficialmente por el otrora respetado Instituto. Nunca es tarde, verdad?
Pero, además, uno de ellos es el máximo dirigente de la estructura gremial que ha venido siendo el sostén de la intervención (una intervención que ha sido negada reiteradamente por las autoridades nacionales, recientemente por parte del jefe del Gabinete de Ministros de la Nación).
Sería más que interesante y valioso que el mencionado dirigente sindical pueda explicar entonces cómo propone desandar el camino recorrido hasta aquí y que nos condujo a tamaño descrédito. Nótese que estamos hablando de uno de los asistentes al reciente encuentro de parte de la cúpula gremial con la presidenta de la Nación.
Hay algo que suele quedar fuera de la consideración habitual. Se refiere a la amplitud de las distorsiones registradas, mucho más allá del índice de precios al consumidor. Incluso generando una práctica encubridora fuera del propio Indec: la abrupta disminución de la información provista por la Anses es un ejemplo; otro podría ser la sustitución de las estadísticas habitacionales originales por otras que impiden distinguir las nuevas viviendas de las meras reparaciones; lo mismo la recientemente denunciada eliminación de la información relativa a la ejecución presupuestaria del Estado nacional.
Quizá sea el momento de que nos sacudamos la modorra y propugnemos intensa y eficazmente por la reconstrucción de un verdadero instituto rector de las estadísticas públicas, con lo cual se pueda revertir la conducción a ciegas del país. Se puede empezar desde distintos ámbitos: sindicales, políticos, de organizaciones no gubernamentales u otras esferas. El espacio de las universidades públicas seguramente no es uno de los menos importantes. Las autoridades de las unidades académicas convocadas por el Gobierno nacional en 2009 pusieron a disposición del Poder Ejecutivo el resultado de su evaluación. Pero este último no sólo no hizo público el documento sino que tampoco lo envió al Congreso como estaba pautado en la convocatoria.
La difusión de ese informe sería, seguramente, un aporte esencial hacia la resolución de la encrucijada a la que condujo –primero–la intervención al Indec y posteriormente la persistencia en tamaño desatino.
*Director del Ceped/UBA e investigador del Conicet.
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