Qué nos deja el 2012, a seis años sin INDEC

Inventario imprescindible para ser realistas en el 2013

POR JAVIER LINDENBOIM DIRECTOR DEL CEPED-UBA, INVESTIGADOR DEL CONICET

El “relato” del oficialismo se ocupa de cubrir con su foco distorsionador todas las áreas de la esfera pública. En lo que respecta a la economía, trabaja con especial manipulación y ocultamiento.
Inventario imprescindible para ser realistas en el 2013

 

15/01/13
Con la última hoja del calendario solemos esperar que eliminemos las causas de nuestra desazón y, al propio tiempo, podamos renovar las esperanzas de mejoramiento y felicidad. Ocurre no sólo a nivel individual y familiar sino que, de una manera u otra, se expresa en el plano social.
El año que acaba de concluir ha sido muy impactante.
No sólo las autoridades nacionales sorprendieron con el anuncio de unaserie de medidas que hasta antes de la campaña electoral eran denostadas (como el ajuste de las tarifas , arropado con el nombre de sintonía fina) sino que a poco andar se fue expresando en la traslación de tal tipo de decisiones estatales a los niveles provincial y municipal a los que se les reclamaba “mejorar la gestión”. Los gobernadores Scioli, Peralta, De la Sota o Bonfatti pueden dar fe de ello.

También el año se inició con la promulgación de la así llamada Ley Antiterrorista, poco compatible con un gobierno que se autotitula nacional, popular y progresista.
En su transcurso hubo intentos de mostrar decisiones que, fuera de contexto, deberían ser saludadas entusiastamente como la expropiación de parte del paquete accionario de YPF. Será difícil saber si tal decisión se originó principalmente en el agotamiento del modelo energético que ha obligado a fuertes erogaciones por importaciones, si devino de un repentino reverdecer nacionalista o se debió a laimperiosa necesidad de desviar la atención por el escándalo suscitado por la participación desde el mismo centro del poder en oscuros negocios vinculados con la fabricación de billetes de curso legal.
Digamos de paso que a partir de aquella decisión, YPF peregrinó por diversos despachos de empresas internacionales (de las que se decía que estaban ansiosas por venir a la Argentina) sin éxito visiblehasta que mediante aumentos del precio de los combustibles (se elevaron mucho más que la peor estimación inflacionaria) y del precio a pagar por el nuevo gas a extraer empezaron a aparecer promesas de futuras inversiones, dando razón a quienes han venido criticando la política oficial en la materia en los últimos años.
Los avatares en materia cambiaria y los reclamos de los bonistasque no aceptaron los canjes ofrecidos por el país no impidieron el puntual pago de las obligaciones por la deuda externa (en rigor aquellas restricciones tenían ese propósito), pero constituyen un capítulo relevante que merece mayor espacio.
La ruptura a nivel de la dirigencia cegetista propiciada desde el Gobierno respondía no sólo a la puja política de más alto nivel sino aparentemente a la decisión de seguir protegiendo al sector del capital frente a los trabajadores. Las “zanahorias” ofrecidas a la dirigencia oficialista (elevar el mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias, devolver el carácter universal a las asignaciones familiares suprimido en los noventa, socorrer a las obras sociales sindicales) quedaron en eso,sólo promesas . Eso dio impulso a manifestaciones de núcleos sindicales (la CGT Azopardo, la CTA contestaria y otros agrupamientos) que se superpusieron con manifestaciones sociales de disconformidad, duramente calificadas por los funcionarios oficiales.
No deja de asombrar que las continuas expresiones de medidas socioeconómicas en perjuicio del sector del trabajo y los sectores sociales más vulnerables (que agrega a lo antes mencionado el aumento de diversos servicios, en particular el de transporte) se asuman haciendo gala de un lenguaje en el que pareciera que estuviéramos en presencia de cambios poco menos que revolucionarios. En efecto, la defensa del Estado en la gestión económica produce inquietud -al menos desde el punto de vista ideológico- en algunos sectores, pero llamativamente los representantes empresarios más conspicuos (por ejemplo, la Unión Industrial Argentina) multiplican las muestras de apoyo.
La voluntad gubernamental por poner límites a las discusiones en las inminentes paritarias expresa, quizás, una gestión pública que no puede disimular ni los efectos de la terminación de los años de bonanza inmediatos a la crisis de 2001 ni la enorme dificultad por encontrar un camino adecuado.
Y para “resolver” la cuestión sólo se apela a reclamar por la gestión de las jurisdicciones subnacionales a quienes seguramente les caben no pocas críticas por lo actuado hasta aquí, pero que no tienen las herramientas de la política económica, sólo en manos del gobierno nacional.
La tarea de destrucción de las estadísticas públicas por parte de las autoridades -denunciada duramente ya hace un buen tiempo en el informe de las Universidades Nacionales- hace más difícil nutrir la reflexión con elementos cuantitativos suficientes. No obstante sabemos que quedó muy atrás el período de creación de centenares de miles de puestos de trabajo por año y que parece retornar un mercado de trabajo complicado por la falta de empleo suficiente, por la abundancia de trabajo desprotegido y con serias dificultades para que los que tienen empleo mejoren la capacidad de compra de sus salarios. En cambio, reaparecieron mensajes tales como “mejor cuidemos el trabajo que tenemos antes que discutir demasiado por la mejora del salario” que, palabras más o menos, reproducen los argumentos dominantes en los noventa .
Y no se sonrojan al afirmar esto al término de una década de crecimiento económico intenso.
Seguramente la sociedad argentina se habrá de plantear diversas cosas en este 2013. No estaría mal que se sacuda la naturalidad con que parece transitar la ausencia de estadísticas públicas confiables, certeras y disponibles oportunamente. Esto, cuando arribamos al sexto aniversario de falsificación sistemática (u ocultamiento) de los datos de la realidad socioeconómica.
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Notas de JL

Economista; abuelo de tres hermosuras: Luli, Tini y Tomi; en fútbol sigo a San Lorenzo de Almagro. Sufriente admirador de Buenos Aires.