Mendoza On Line, a partir del Despacho de Noticias Agentinas

El economista Javier Lindenboim advirtió que el mercado laboral argentino sufre un proceso de “franco estancamiento”, situación que, según evaluó, podría empeorar.
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El economista Javier Lindenboim advirtió que el mercado laboral argentino sufre un proceso de “franco estancamiento”, situación que, según evaluó, podría empeorar y significaría un “reverdecer de las formas precarias de contratación de asalariados”.
Lindenboim -director del Centro de Estudios de Población, Empleo y Desarrollo (CEPED)  de la Universidad de Buenos Aires e investigador del Conicet- cuestionó además al Gobierno nacional por “no haber trazado y ejecutado una estrategia de largo aliento” a nivel macroeconómico. 
El economista dialogó con la Agencia Noticias Argentinas e hizo un detallado análisis de la situación laboral del país:

 ¿Cuál es su análisis sobre la evolución del mercado laboral  en los últimos meses?
Este año ha continuado la situación laboral en los marcos del último bienio, es decir, escaso crecimiento del empleo (privado) protegido y continuidad de la absorción por parte de alguno de los niveles del Estado. Los datos de las bases usuarias de la Encuesta Permanente de Hogares no están disponibles para este año, por lo que no puede hacerse un análisis más detallado. Sin embargo, los indicios parecen apuntar a un empeoramiento de las condiciones generales, lo que significaría un reverdecer de las formas precarias de contratación de asalariados.
 ¿Que se puede esperar para 2014?
En la medida en que las condiciones económicas y políticas generales no reviertan, la previsión para 2014 –en el mejor de los casos- sería de mantenimiento de las condiciones preocupantes actuales. Algunos trazos del comportamiento en los últimos años pueden iluminar el horizonte inmediato. Si bien es indudable que luego de la crisis de cambio de siglo el mercado de trabajo cobró un dinamismo muy relevante, ello caracterizó a los primeros años pos crisis. Luego se amesetó para finalmente entrar en un terreno de franco estancamiento.
 ¿Cómo se reflejó esta situación en las estadísticas?
Por ejemplo, la variación media anual del empleo asalariado  entre 2003 y 2006 fue de 7.3% mientras en el último bienio apenas alcanzó un tercio de aquel ritmo aumentando solo el 2.3% por año (valor parecido al de los años intermedios: 2007-2008-2009).
Más interesante aún es ver el comportamiento por tipo de empleo asalariado. En el primer subperíodo el empleo precario crecía casi 2% por año, en el segundo lapso tuvo un leve descenso absoluto y en el bienio reciente ya volvió a aumentar nuevamente: medio por ciento por año. Podría pensarse que se trata del núcleo más difícil de resolver y es posible.
Pero el empleo protegido, que aumentaba casi 6% al año al  inicio, bajó a la mitad su ritmo en el lapso intermedio y a un  tercio en el bienio último. Es decir que lo que no se nota mirando  toda la década, se percibe con claridad en el análisis más  detallado. Si estas manifestaciones derivan de la falta de cambios  en la estructura productiva y si a ello se le adicionan las trabas resultantes de decisiones como el cepo cambiario, el panorama hacia adelante no puede ser optimista.
 Entonces, según su visión, las perspectivas del mercado  laboral son preocupantes…
Hay razones que ponen en cuestión afirmaciones que se han expresado desde algunos ámbitos, en torno de la eventual aparición de un nuevo modelo de mercado de trabajo, concomitante con la argumentada aparición de un nuevo modelo productivo.
Desafortunadamente, ni ha cambiado la estructura productiva  (sigue siendo predominantemente terciaria y con un porcentaje inmodificado de participación de la producción industrial en el producto y del empleo sectorial en el conjunto del empleo), ni ha cambiado la concentración relativa dentro de la economía en su conjunto y en cada una de sus ramas ni se ha modificado, por tanto, la denominada pauta distributiva.
Ello no implica que no se haya producido un mejoramiento en la equidad distributiva (particularmente como consecuencia del mayor empleo antes que resultante de un mejoramiento de la capacidad de compra del salario individual).
Pero tal mejora se producido desde un bajísimo nivel de  partida, respecto del cual es perceptible el cambio, pero en  términos de las décadas pasadas no lo es tanto.
La participación salarial en la renta, por ejemplo, según el  dato oficial más reciente disponible (de 2008) sería del 43% valor cercano pero aún inferior al del inicio de la serie del Ministerio de Economía (1993) que era del 45%.
En estas condiciones si bien no se atraviesan momentos de falta  de trabajo como en los noventa, la eventual continuidad de esta suerte de estancamiento bien podría preanunciar el regreso de dificultades serias para el ingreso al mercado laboral o para la permanencia en él de forma satisfactoria
 En una visión más global, ¿qué observa de la macroeconomía nacional?
Llevamos más de un lustro con una inflación anual superior al  20%.
Esta situación, combinada con la extremadamente lenta  depreciación de la moneda en términos de las divisas ha hecho muy  complicada la colocación de productos en el exterior y ha  facilitado la presión de la producción externa dentro de nuestras  fronteras. Además, la imprescindible aplicación de subsidios para  paliar la devaluación en términos de las demandas cotidianas  durante el primer momento de salida de la crisis de 2002 se  extendió y amplió peligrosamente en los años posteriores.
Todo esto fue requiriendo crecientes fondos que se obtuvieron primero con las retenciones hasta 2007, luego se agregó a ello el manejo de los fondos transferidos de las AFJP, más tarde el manejo discrecional de las así llamadas ganancias de cambio del Banco Central. Pero al no haberse encarado proceso de cambio estructural alguno se presentan los mismos o mayores problemas con menor capacidad de maniobra.
De modo que el decenio inicial del siglo XXI, que luego de más  de medio siglo presentó una oportunidad excepcional y casi única  en lo que se conoce como los términos del intercambio (relación  entre la media de precios de lo que vendemos al mundo respecto de  la media de precios de lo que compramos fuera del país) concluye  no habiendo aprovechado tan favorable circunstancia, por no  haberse trazado y ejecutado una estrategia de largo aliento que  capitalice tal ventaja.
Gerardo Choren, NA
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