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Lunes, 07 de octubre de 2013  01:00 | Economía

“El mercado laboral se estancó y se precariza la forma de contratación”

Lo dijo en una entrevista el economista Javier Lindemboin. El titular del Ceped, especialista en el área del trabajo, advirtió sobre un reverdecer de las prácticas usuales en los años 90.

Alerta. Lindemboim, del Centro de Estudios de Población, Empleo y Desarrollo, ve un panorama complicado.
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El economista Javier Lindenboim advirtió que el mercado laboral argentino sufre un proceso de “franco estancamiento”, situación que, según evaluó, podría empeorar y significaría un “reverdecer de las formas precarias de contratación de asalariados”.
Lindenboim —director del Centro de Estudios de Población, Empleo y Desarrollo (Ceped) de la Universidad de Buenos Aires e investigador del Conicet— cuestionó además al gobierno nacional por “no haber trazado y ejecutado una estrategia de largo aliento” a nivel macroeconómico. 

— ¿Cuál es su análisis sobre la evolución del mercado laboral en los últimos meses?
—Este año ha continuado la situación laboral en los marcos del último bienio. Es decir, escaso crecimiento del empleo privado protegido y continuidad de la absorción por parte de alguno de los niveles del Estado. Los datos de las bases usuarias de la Encuesta Permanente de Hogares no están disponibles para este año, por lo que no puede hacerse un análisis más detallado. Sin embargo, los indicios parecen apuntar a un empeoramiento de las condiciones generales, lo que significaría un reverdecer de las formas precarias de contratación de asalariados. 
—¿Qué se puede esperar para 2014?
—En la medida en que las condiciones económicas y políticas generales no reviertan, la previsión para 2014, en el mejor de los casos sería de mantenimiento de las condiciones preocupantes actuales. Algunos trazos del comportamiento en los últimos años pueden iluminar el horizonte inmediato. Si bien es indudable que luego de la crisis de cambio de siglo el mercado de trabajo cobró un dinamismo muy relevante, ello caracterizó a los primeros años pos crisis. Luego se amesetó para finalmente entrar en un terreno de franco estancamiento. 
—¿Cómo se reflejó esta situación en las estadísticas?
—Por ejemplo, la variación media anual del empleo asalariado entre 2003 y 2006 fue de 7,3 por ciento mientras en el último bienio apenas alcanzó un tercio de aquel ritmo, aumentando sólo el 2,3 por ciento por año. Un valor parecido al de los años intermedios: 2007-2008-2009. Más interesante aún es ver el comportamiento por tipo de empleo asalariado. En el primer subperíodo, el empleo precario crecía casi 2 por ciento por año, en el segundo lapso tuvo un leve descenso absoluto y en el bienio reciente ya volvió a aumentar nuevamente: medio por ciento por año. Podría pensarse que se trata del núcleo más difícil de resolver. Pero el empleo protegido, que aumentaba casi 6 por ciento al año al inicio, bajó a la mitad su ritmo en el lapso intermedio y a un tercio en el bienio último. Es decir que lo que no se nota mirando toda la década, se percibe con claridad en el análisis más detallado. Si estas manifestaciones derivan de la falta de cambios en la estructura productiva, y si a ello se le adicionan las trabas resultantes de decisiones como el cepo cambiario, el panorama hacia adelante no puede ser optimista. 
—Entonces, según su visión, las perspectivas del mercado laboral son preocupantes.
—Hay razones que ponen en cuestión afirmaciones que se han expresado desde algunos ámbitos, en torno de la eventual aparición de un nuevo modelo de mercado de trabajo, concomitante con la argumentada aparición de un nuevo modelo productivo. Desafortunadamente, ni ha cambiado la estructura productiva, que sigue siendo predominantemente terciaria y con un porcentaje inmodificado de participación de la producción industrial en el producto y del empleo sectorial en el conjunto del empleo, ni ha cambiado la concentración relativa dentro de la economía en su conjunto. No se ha modificado, por tanto, la denominada pauta distributiva. Ello no implica que no se haya producido un mejoramiento en la equidad distributiva, particularmente como consecuencia del mayor empleo, antes que como resultante de un mejoramiento de la capacidad de compra del salario individual. Pero tal mejora se produjo desde un bajísimo nivel de partida. Respecto a ese punto, es perceptible el cambio, pero en términos de las décadas pasadas no lo es tanto. La participación salarial en la renta, por ejemplo, según el dato oficial más reciente disponible (de 2008) sería del 43 por ciento. Un valor cercano pero aún inferior al del inicio de la serie del Ministerio de Economía (1993), que era del 45 por ciento. En estas condiciones si bien no se atraviesan momentos de falta de trabajo como en los noventa, esta suerte de estancamiento bien podría preanunciar el regreso de dificultades serias para el ingreso al mercado laboral o para la permanencia en él de forma satisfactoria 
—¿Qué observa de la macroeconomía nacional?
—Llevamos más de un lustro con una inflación anual superior al 20 por ciento. Esta situación, combinada con la lenta depreciación de la moneda en términos de las divisas ha hecho muy complicada la colocación de productos en el exterior y ha facilitado la presión de la producción externa dentro de nuestras fronteras. Además, la imprescindible aplicación de subsidios para paliar la devaluación durante el primer momento de salida de la crisis de 2002, se extendió y amplió en los años posteriores. Todo esto fue requiriendo crecientes fondos que se obtuvieron, primero, con las retenciones hasta 2007. Luego se agregó a ello el manejo de los fondos transferidos de las Afjp, más tarde el manejo de la ganancias de cambio del Banco Central. Pero al no haberse encarado proceso de cambio estructural alguno se presentan los mismos o mayores problemas con menor capacidad de maniobra.
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