Subsidios, focalización y otros debates

DEBATELa eliminación progresiva de los subsidios generalizados a los servicios públicos supone un cambio de estrategia. Se vuelve a plantear el debate sobre la focalización de las políticas sociales, que tantas críticas motivó en la década del ‘90.

Las ideas detrás de las decisiones

 

 

 

 

 

 

Las ideas detrás de las decisiones

Las ideas detrás de las decisiones

DEBATE

La eliminación progresiva de los subsidios generalizados a los servicios públicos supone un cambio de estrategia. Se vuelve a plantear el debate sobre la focalización de las políticas sociales, que tantas críticas motivó en la década del ‘90.

Las ideas detrás de las decisiones

  • Javier Lindenboim ECONOMISTA (DIRECTOR DEL CEPED), INVESTIGADOR DEL CONICET

Dentro de un marco de escaso debate, antes y después del acto electoral, el gobierno logró imponer un importante punto en la agenda : hay que hacer algo con los subsidios. Vale entonces desmenuzar un poco el argumento.

En primer lugar no carece de valor reconocer que es un análisis que anteriores ministros de economía de esta misma gestión gubernamentalal sostenerlo quedaron sin el apoyo presidencial . También puede recordarse que las más variadas menciones desde otras posturas políticas en la misma dirección fueron descalificadas por su pretendida vocación de “enfriar la economía”. Por último, durante la campaña electoral no hubo mención alguna desde el gobierno que alimentara la idea de un cambio de rumbo en la materia.

Por lo tanto, sería bueno saber si el camino que parece haberse iniciado con el recorte de las ventajas a algunos rubros empresarios y se lo muestra como otro sendero, lo es efectivamente. De hecho mientras se redactaba este texto hubo anuncios de un nuevo ahorro del 5% del total de subsidios y una extensión potencial a la casi totalidad de los usuarios.

Ello deberá obligar a las autoridades a ilustrar a la ciudadanía acerca de las razones de por qué (y cómo) deben desarmarse acciones que eran buenas hasta ahora. Esa tarea seguramente involucrará la necesaria distinción de acciones que promueven la contención de precios de bienes y servicios (a través de la entrega de fondos a las empresas) de aquéllas que son directas transferencias a las personas y familias. En cada uno de ambos tipos, a su vez, seguramente será necesario diferenciar (y justificar) tanto lo que se ha venido haciendo como lo que se habrá de encarar.

Lo que parece de escasa utilidad es negar que se refiere a un cambio de estrategia.

Y si de eso se trata, la sociedad merece tener las explicaciones que las autoridades tengan para tal reorientación. Incluyendo en ello los ajustes en el presupuesto, pendiente de aprobación parlamentaria, derivados de la puesta en marcha de las nuevas medidas.

Parece adecuado recordar que por no haber querido encarar este camino de supresión o contención de los subsidios – al inicio de la gestión presidencial de la Dra. Cristina Fernández de Kirchner- se terminó en la elaboración de la propuesta de incremento de las retenciones a las exportaciones (según relato del ministro del área) que significó una profunda conmoción en el campo político y social.

Una de las cuestiones conceptuales que sería deseable se esclarezca gira en torno de los fundamentos mismos de la política de subsidios estatales.

¿Deben éstos privilegiar una generalizada contención de los precios? ¿O, por el contrario, los esfuerzos fiscales deben ser dirigidos a atender las necesidades más perentorias de los sectores sociales en los que, pese al crecimiento económico y a los logros en materia ocupacional, esas carencias siguen siendo agobiantes? En formulación más condensada,¿deben los subsidios ser parte de políticas universales o en cambio de tipo focalizadas? De la respuesta que la sociedad y las autoridades den a tales interrogantes saldrán intervenciones diferentes.

Claro que pueden imaginarse diagonales o atajos cuya efectividad debe ser valorada. Por razones que no es del caso analizar aquí, el gobierno decidió impulsar – hace dos años- una acción de vocación universalista en el entorno definido por una política focalizada : la Asignación Universal por Hijo se la diseñó dentro del marco de las prestaciones por Salario Familiar para el personal en relación de dependencia.

¿Son deseables o beneficiosas tales mixturas en las políticas públicas? Pero volviendo al tema general de los contenidos. En los años ‘90 se cuestionaba que las políticas y programas puestos en marcha se caracterizaban por la necesidad de identificar a los beneficiarios para luego estructurar la mecánica de su atención. En ese sentido, una estrategia de subsidios que no requiera la justificación del merecimiento parecía sortear esa crítica.

Simplificando en exceso se podría decir que en buena medida las diferencias en materia de políticas económico-sociales entre ambos decenios pasaban por allí.

Pues bien, ¿en base a qué criterios conceptuales serán planteados los cambios que parecen avecinarse? ¿A un cambio de paradigma conceptual? ¿A un regreso a la focalización? ¿Cuáles son las razones que explican tal modificación? No es improbable que se sostenga que haya habido un cambio en las prioridades económicas. El único inconveniente es que dicha modificación está fuera del alcance del ciudadano común como para entenderlo primero y, eventualmente, apoyarlo luego. Desde hace años se han hecho reclamos (no siempre con la mejor intención) en dirección al cese del impresionante incremento de los subsidios registrado en el último período y a retraer su peso en el conjunto del gasto público. El cambio de estrategia, por tanto, parece dar razón de aquellas demandas.

 

Reflexiones a partir de la participación en PLAN M a fines de noviembre de 2011:
Cuando llegué al estudio estaba en el aire el bloque en el que el conductor entrevistaba a Claudio Casparrino (un joven economista de Carta Abierta) y al Dr. Ricardo López Murphy.
Las ideas que aparecían y, más aún, las que subyacían eran muchas y muy ricas.
Por eso cuando nos tocó el turno al economista de GESTAR y a mí que íbamos en el último bloque y ante la pregunta hacia el futuro de la nueva gestión presidencial, no pude evitar retomar de algún modo los temas precedentes.

En efecto, necesité exponer el asombro que tengo ante los innumerables comentarios, sólo a veces fundados, en torno de lo equitativo o no equitativo del esquema vigente hasta ahora y sobre el cual los anuncios oficiales parecen indicar un cambio de rumbo.

Lo cierto es, de todos modos, que aún con el segundo anuncio según el cual luego de algunos barrios de la Capital y zonas del conurbano, a la totalidad de los usuarios se nos aplicará la respectiva tarifa sin subsidio. Sólo aquellos que “acrediten” la condición de merecedores del apoyo se les mantendría sin saberse tampoco la manera en base a la cual se realizará tal certificación.
Pero aún con todo eso, según los anuncios ministeriales, se alcanzaría un ahorro del orden de los cuatro mil millones de pesos es decir poco más del 5% del monto global de subsidios estatales.
Pero lo que más me asombra es que no se ponga sobre el tapete un aspecto conceptual que me parece crucial: si hubo una característica de la política social de los noventa fue lo que en la jerga de los especialistas se conoce como focalización. La primera tarea es identificar a los “necesitados” y a ellos otorgarles ayudas o ventajas que se definan. En cambio, en los años dos mil, la orientación predominante y de la que se ha hecho gala en todos estos años fue la opuesta: cada vez más el predominio de un criterio universalista.
Desde tal punto de vista el problema no es que “todo el mundo” pague un precio más bajo por cierto bien o determinado servicio. Lo equitativo debería aparecer en la instancia de la gestión impositiva.
Pero allí es donde es muy clara la demora. Tanto en 1999 como en 2003 los candidatos triunfantes habían prometido profundas reformas fiscales de carácter progresista. Obviando al gobierno de la Alianza en cuya corta duración no hubo nada en tal sentido podemos concentrarnos del 2003 para aquí. No hubo siquiera algún proyecto de ley ni el intento de atajo de un DNU aun en los primeros años en que el oficialismo contaba con las mayorías para imponer sus proyectos. Al menos para encarar su debate.

De modo que el facilismo del subsidio, obviamente generador de injusticias, no pudo ser complementado con una política fiscal efectivamente progresiva.

Entonces la sociedad espera las explicaciones de por qué lo que se nos explicaba como virtuoso y sostenedor del consumo y del crecimiento ahora debe ser reemplazado por su opuesto. Pero sin explicación racional que lo sustente.

Sin tal desarrollo argumental, muchas de las noticias de estos días parecen poco más que fuegos de artificio, incluyendo las apresuradas listas de solidarios ciudadanos que se jactan de aparecer por internet.

Después deberíamos entrar en otras cuestiones claves como los verdaderos costos de los servicios prestados, la acreditación de los destinos por parte de las empresas que los reciben, la existencia o no de mecanismos de control por parte del Estado, etc. O, si se quiere, este tema debería preceder al de la forma que los subsidios deben adquirir. De no reunirse ambas partes quedaremos sin duda a mitad de camino.

 

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