Sin cambios en la estructura productiva ni la configuración ocupacional

 

Reportaje de Gastón Bustelo, aparecido hoy en el Diario LOS ANDES, Mendoza

Javier Lindenboim: “No se cambió la estructura productiva ni la configuración ocupacional”

El experto afirma que el nivel del salario real, luego de una década, está por debajo del que tenía a comienzos de los ‘90. Agrega que en los dos últimos años sólo aumentó el empleo público y que el kirchnerismo deja una deuda socioeconómica.

domingo, 13 de abril de 2014

 

“Necesitamos un programa de Gobierno que no hubo”, afirma Lindenboim. (Internet)

Por Gastón Bustelo – gbustelo@losandes.com.ar

El empleo es uno de los indicadores que estarán en la mira de funcionarios y dirigentes debido a que la contracción del consumo que se viene registrando, puede generar distintas consecuencias en el índice de desocupación.Javier Lindenboim es un economista que durante años viene estudiando el empleo y analiza qué puede suceder este año en el que varios sectores, como la venta de autos y la caída de ventas en comercios, vienen mostrando caída en sus ventas.Si bien sólo hablamos de dos sectores, pueden ir marcando una tendencia. También habla de la distribución del ingreso en la última década y las deudas “socio económicas” que dejará el kirchnerismo.

-¿Cómo cree que impactará, en el empleo, la caída del consumo del primer trimestre?
-La demanda laboral es sin duda dependiente del nivel de actividad económica y el consumo tiene, en los ingresos del sector laboral, un componente de relevancia. De manera que de confirmarse las previsiones negativas en materia de actividad económica, el efecto será claramente negativo.

-¿Qué sectores se pueden ver más perjudicados?-Hace tiempo que la actividad económica está centrada en algunas ramas no demasiado diferentes de las que fueron características en los denostados años noventa. Esto es así porque no hubo cambio alguno en la estructura productiva ni en la configuración ocupacional.

Es decir que el imaginado “nuevo mercado de trabajo” que algunos creyeron que se había inaugurado a la salida de la crisis, no fue eso. Por tanto, todos los sectores de actividad en alguna medida serán impactados.

No podemos predecir con precisión si el 35% de caída del sector automotriz en marzo último será la expresión prototípica de la situación crítica pero es probable que también ocurra algo cercano en los sectores vinculados con la alimentación y la vestimenta si no se logra frenar el efecto negativo sobre los ingresos de trabajadores y jubilados.

-¿Qué balance hace usted de la década en términos de generación y calidad del empleo?
-En relación al volumen de empleo, su dinámica fue intensa en los primeros años. Para poner un límite, digamos 2007. Luego hubo un estancamiento con declinación ulterior, con un intermedio relativo entre 2010 y 2011. Pero en ese bienio y en el más reciente, no se ha registrado creación de empleo asalariado privado. De hecho en 2012 y 2013 sólo creció el empleo estatal y también el empleo por cuenta propia.

Esto último resulta una réplica de lo acontecido en otros momentos del pasado con dificultades en el mercado de trabajo. Por esa misma dinámica, en los primeros años cayó rápidamente el empleo desprotegido pero desde hace un lustro estamos en torno de un 35% de asalariados precarios, lo cual es un valor mayor que la media de la década de los años noventa.

-¿El Gobierno concluirá su mandato sin haber logrado terminar con el empleo informal?
-Efectivamente. Uno de cada tres asalariados hoy está en negro y es previsible que este año vuelva a subir esa proporción.

-¿Cuál es su opinión de la década en cuanto a distribución del ingreso?
-Junto con la buena absorción de empleo en los primeros años (desde mediados de 2002 hasta comienzos de 2007, aproximadamente) hubo una recuperación de la capacidad de compra del salario de una parte importante de lo perdido en los años más críticos (1998-2001).
Pero el nivel del salario real luego de una década, desde la recuperación, nos ubica un poco por debajo del nivel de comienzos de los ’90 y sensiblemente más bajo que en plena guerra de Malvinas. En ese momento, de todos modos, estábamos 30% por debajo del nivel del salario de 1974.

-¿Cuáles considera usted los puntos pendientes más complejos en el plano socio económico?
-El problema en el ámbito socio económico es que no se cambió la estructura productiva y por tanto no ha cambiado lo que el diputado Claudio Lozano ha llamado la “matriz distributiva”. Al no haberse encarado cambios estructurales no podemos imaginar que hayan cambios en el mercado de trabajo de manera relevante.

Eso nos impide observar que, como consecuencia de la salida de las profundidades de la crisis (1998-2001), más el cambio violento de los precios relativos por la devaluación del peso que dejó de cambiarse uno a uno con el dólar para mantenerse varios años en torno de tres a uno, hoy estamos en ocho a uno en el mercado oficial y más de diez a uno en cualquiera de las versiones alternativas de tipo de cambio.

Por lo tanto, necesitamos un programa de Gobierno que no hubo. Sólo las medidas oficiales se montaron sobre la ampliación de la demanda internacional proveniente de China e India en productos que venían progresando en el modo de producirlos, como la soja y el consiguiente cobro de retenciones creadas en 2002.

A esta altura se hace muy difícil creer que haya un programa por la ausencia de credibilidad que tiene un Gobierno que rompió las estadísticas, y falseó tanto el IPC como la medición del crecimiento económico y ocultó y oculta gran parte del quehacer económico financiero de la gestión estatal.

Ése es el legado, con un agregado. Gran parte de lo hecho y lo omitido se lo expuso en presunto nombre de lo valioso que es la acción estatal.

Es probable que tan loable propósito, a mi juicio, al haber sido manoseado y desvirtuado, pueda ser rechazado por la sociedad lo que no haría otra cosa que volver a despertar criterios y concepciones que terminarán siendo perniciosos para el sector del trabajo.

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