Debate. ¿La mujer deja el mercado de trabajo?

 

 

Se crean pocos puestos y se abandona la búsqueda

 

Javier Lindenboim

La reflexión sobre la intensidad y la forma que adquiere la participación de la mujer en el mercado de trabajo, al mismo tiempo que agrega matices relevantes al análisis, permite mostrar los complejos mecanismos sociales que funcionan en la generación de riqueza y en la apropiación de sus resultados.

Si se deja correr la imaginación, podría postularse como posible o deseable una disminución a largo plazo de la proporción de las personas que participan en el proceso productivo, habida cuenta del incremento permanente de la capacidad productiva del trabajo humano. Como sabemos, nada es tan sencillo puesto que para que se materialice tal predicción sería necesario prescindir de la diferencia entre sectores o ramas productivas, las variadas aptitudes para producir, las diversas circunstancias que favorecen la disposición a participar en el mundo productivo, etc. y, en especial, sería menester que la distribución del ingreso se verificase mucho más equitativamente que lo que se observa en el mundo moderno, lo cual redundaría en “otro reparto” del trabajo.

Los mecanismos a través de los cuales los integrantes de los hogares (varones o mujeres, adultos o jóvenes), no los individuos aislados, definen hasta dónde les resulta factible su inserción laboral, es decir, lo que en las estadísticas socioeconómicas se conoce como tasa de actividad, son variados y complejos. Esa tasa deriva de cuestiones de carácter socio cultural (que incentivan o retraen la participación laboral) y de la intensidad con que las necesidades de los hogares impulsan a sus miembros a procurar ingresos a través de la fuente laboral. Esto, del lado de la oferta. Desde la demanda, depende de la receptividad o no que tenga el mercado de trabajo al que se intenta acceder.

Hasta la segunda posguerra, la tendencia dominante había sido la declinación de la participación femenina. Desde entonces hubo factores que produjeron en Argentina una disminución de la participación masculina (como la ampliación del sistema jubilatorio), pero el aumento significativo de la participación de las mujeres fue algo posterior. De allí en adelante ha sido permanente un decrecimiento del diferencial de la participación económica. Uno de los períodos en que la brecha se acortó más velozmente fue el de la última década del siglo XX.

Es por esa razón que los datos que se observan a comienzos del siglo actual no deberían ser contrastados solamente con el decenio precedente sino con un horizonte temporal mayor. Algunos investigadores preveían que la tendencia a la mayor participación femenina podría perdurar hasta la próxima década, pero no más allá. De modo que de corroborarse los datos disponibles estaríamos en presencia de un anticipo de un ciclo antes que de una novedad en sí misma.

Es necesario discernir el sentido de la interacción entre la participación femenina y la del conjunto: ¿esta última expresa los avatares de aquella o, a la inversa, la actividad femenina depende de las condiciones generales del mercado laboral?

Un dato para ser tenido en cuenta es que la tasa de empleo en el decenio reciente ha sido levemente creciente, tanto para los varones como para las mujeres. Distinto sería que esa tasa estuviera disminuyendo, en cuyo caso sí cabría hablar de “retirada del mercado laboral”. El juego entre ambas tasas (de actividad y de empleo) indica que hay menos desempleo, pero a costa de que se crean pocos puestos y se abandona la búsqueda: el llamado desaliento.

Comentario imprescindible: lo expresado surge de la utilización de la información de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) sobre cuyos datos aún no se han despejado las dudas y cuya última publicación corresponde a mediados de 2015. Debemos conocer rápidamente cuál es la verdadera situación laboral del país para tomar las medidas apropiadas a favor de los trabajadores.

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Notas de JL

Economista; abuelo de tres hermosuras: Luli, Tini y Tomi; en fútbol sigo a San Lorenzo de Almagro. Sufriente admirador de Buenos Aires.