Ramas con posibilidades de creación de empleo

Reportaje de Patricia Valli para PERFIL el 6-5-17

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Su nota apareció en PERFIL el 7-5-17

DESGRABACION

– Cómo le va, ¿bien?

JL – Bien, bien.

– ¿Puede hablar ahora?

JL – Sí, sí.

– Bueno, como le comentaba, lo que estoy viendo es un poco este debate sobre si el campo puede generar la fuerza de trabajo en la industria ¿no? un poco como puede ser en la agro-industria, digamos el nuevo entramado de empleo de la Argentina y bueno, cómo puede llegar a jugar el empleo público ahí o si dependemos de otras áreas como servicios, ¿no?

JL -Primero, desconocía en qué términos estaba planteado ese intercambio. Usted lo llama debate, no sabía quiénes lo estaban desarrollando a ese contrapunto, pero más allá de eso, de quienes hayan sido los que dijeron una u otra de las hipotéticas posiciones, yo lo que diría, primero que estamos hablando del empleo asalariado o estamos hablando del empleo total. Hay alguna posibilidad de reflexionar de manera distinta. Imaginemos que estamos dentro de los asalariados, los asalariados aproximadamente, por lo menos los registrados que son unos diez millones y se supone que hay aproximadamente otros cuatro millones más de asalariados que no están registrados, en ese universo la participación de los distintos sectores es muy disímil porque en el conjunto del empleo asalariado, la industria hace veinte años más o menos que tiene un 17-18%, que es más o menos la participación en el producto, el sector público sí creció significativamente y la ventaja lejos se la lleva el conjunto de los servicios. Y la actividad primaria directamente tiene una participación pequeña, de menos del 10% parecido a la construcción, en cifras redondas, ¿no? Entonces yo estoy tratando de imaginarme cuáles pueden ser los términos del debate, quién apuesta para qué cosa…

– (…) esta posición del gobierno de que quizás hay algunos sectores industriales que si son obsoletos tienen que reconvertirse y que el crecimiento, digamos, va a venir para el lado de la abro-industria.

JL -¿Eso dicen los funcionarios?

– Claro, por otro lado dicen que la industria es la que más puestos de trabajo genera y no así el campo…

JL -Claro, pero yo creo que ahí macanean todos, ¿no? porque en términos literales, efectivamente el empleo directo industrial es más o menos el doble que el empleo del sector agrario directo pero cuando se habla de agro-industrias están mezclando a los dos componentes, por lo tanto los presuntos contendientes forman parte del mismo núcleo, ¿se entiende? Si uno habla de los pelets de soja, no está hablando de la producción primaria de soja, está hablando de la elaboración. La exportación se hace de aceite, que es un producto elaborado sobre la base del sector primario, entonces quién es ahí el que lleva la voz cantante, el agro o la industria. Son ambos articuladamente, me parece o yo me estoy perdiendo algo o no estaba probablemente bien encaminada la confrontación. Yo creo que en Argentina y en el mundo hace rato que la industria ha perdido peso directo relativo y eso tiene que ver con varias cosas, entre otras con que el propio progreso tecnológico produce descentralizaciones de muy diverso tipo, incluyendo la posibilidad de desarrollar actividades que antes estaban en las unidades fabriles como un todo, y ahora se particionan, y eso cuando uno lo mira estadísticamente aparece como un menor peso relativo y del empleo directo de la industria. Digo, esto es un fenómeno, otro fenómeno es si lo que hay de industria es más avanzado o menos avanzado, si está en las primeras líneas de la competencia internacional o no lo está y sobre eso hay distintos trabajos que muestran que la productividad media de la industria en la Argentina está lejos y alejándose de la productividad media de la industria de los países centrales, no es una empresa u otra empresa, es el conjunto del entramado industrial e incluso las que están mejor posicionadas aquí, parece ser que están de la mitad para abajo del espectro de la competencia internacional, con lo cual creo que plantearlo en términos de una supuesta confrontación sectorial, yo no le veo demasiada utilidad, a menos que con eso se estén cubriendo una discusión que hace falta en Argentina, a mi juicio, que es decir hacia dónde nos parece razonable que debería orientarse hacia el futuro, la actividad productiva.

– Claro.

JL – Entonces, pero yo así no la he visto planteada a la discusión ¿no? Yo recuerdo el trabajo de economistas connotados, enganchados con la sociedad rural y llegó un momento que decían que el empleo vinculado al sector agropecuario era algo así como un tercio más del empleo total, cosa que luego conversando privadamente con algunos de los autores, llegaron a reconocer de que había habido un manejo, un poco desaprensivo de la matriz de insumo-producto para poder hacer afirmaciones de este tipo; y donde voy con este rodeo. No me parece que nos conduzca a un lugar demasiado interesante plantearlo en términos estrictamente sectoriales porque obsolescencia puede estar en el campo, obsolescencia puede estar en el sector comercial, obsolescencia puede haber en el sector servicios, lo cual no es negar que una parte de nuestra industria tiene enormes dificultades de competir, pero creo que son cosas que deberían debatirse en sus propios términos y mezclado en eso, el tema del empleo en el estado es una cosa totalmente diferente, que bien planteada tendría que empezar por identificar cuáles son los requerimientos de prestaciones que están o deberían estar a cargo del estado, cómo se están ejerciendo y si para su mejoramiento hace o no falta una mayor dotación de personal o una configuración de las prestaciones que incluyen al personal pero no acaba en ello, para su consecución. Creo que esa es otra discusión importante que está lejos de haberse planteado en Argentina en ningún momento y en general aparecen los críticos cuando se eleva el empleo estatal. Es cierto que muchas veces esa elevación del empleo estatal no está hecho precisamente en los términos en que yo estaba imaginando hace un momento sino con propósitos de protección social para disimular el desempleo cuando no meramente por razones proselitistas, lo cual esa evidencia hace enojar mucho más a aquellos que creen que esos empleos no debieran haber sido creados. Pero cuando uno reconoce que muchas de las prestaciones básicas del estado están insuficientemente cubiertas, se da cuenta que a lo mejor no es que sobran personas en las tareas sino que están mal utilizadas, ineficientemente, y seguramente no dotadas de la infraestructura que necesitan. Digo, yo no aceptaría discutir sectorialmente si no meto todo esto en al olla para la cocción, ¿se entiende lo que estoy diciendo, Patricia?

– Sí, sí.

JL – Entonces, como insisto, desconozco quién, cómo y en qué contexto y dirigido a qué cosa ha expuesto, le digo lo que se me aparece en la cabeza con los títulos que usted me tiró nada más…

– En cuanto a este debate pendiente sobre hacia dónde debería ir la Argentina, ¿qué es lo que, por la experiencia internacional o los distintos estudios que ha hecho, qué es lo que puede garantizar mejores fuentes de empleo?

JL – Mejores fuentes, qué son las mejores fuentes. Las que den ocupación a todos aquellos que estén dispuestos es una cosa, si las mejores fuentes son aquellas que son productivamente más eficientes para generar más bienes y servicios para la comunidad, etc., no es fácil tampoco. Uno lo que puede decir es que Argentina va a perseverar o va a perder el rumbo que tiene desde hace décadas de insertarse a través de la producción de bienes primarios. Si es eso, que sabemos que en principio es escasamente demandante de mano de obra, tiene que pensar que se hace divisas con eso, si es que la decisión fuera afirmativa ¿no?, con eso y que otro tipo de generación de bienes y servicios internamente, con colocación externa o sin colocación externa puede tener. Ahí aparecen siempre las famosas cuestiones vinculadas a la informática y a la calidad media importante de la mano de obra argentina como potenciales, aunque nadie ha identificado que esto pueda ser masivamente una oportunidad laboral para grandes sectores. Creo que la clave pasa primero que nada por ahí, sin entrar en la gran discusión – que no es de Argentina solamente – y es si hay o no hay oportunidades de trabajo para todos, o si hay que dividir las oportunidades de trabajo con la gente que está dispuesta, por ejemplo bajando las horas de la jornada laboral, etc., que es una discusión interesantísima pero que es una que se adiciona con perfil propio pero se adiciona a esto. Acá estamos imaginando cuáles eran los sectores. Me parece a mí que la vieja aspiración de Argentina de hacerse fuerte a partir de la configuración industrial y lo que a la salida de la segunda guerra se planteó, tenemos que hacer una industria pesada que sostenga a la industria liviana que había crecido más o menos autónomamente con las restricciones de importación, quedaron medio en el camino, entre otras cosas, por la demora en generar algo que se pareciera a siderurgia o cosas por el estilo, y por los progresos técnicos internacionales, que cuando tuvimos Somisa ya era un elefante que no podía sostenerse en sus propios pies. Digo, es difícil desde un núcleo académico suelto imaginar la posibilidad de un panorama claro y convincente. Creo que esto es fácil formularlo, pero es la tarea que me parece la sociedad argentina debiera encaminar es a través de las dirigencias políticas y de los sectores del pensamiento y los sectores sociales, empezar a aportar ideas en esa dirección pero creo que no buscando que tal actividad o tal rama o tal sector, tal núcleo es el salvador porque si seguimos creyendo, en eso estamos mal. Creo que es una tarea de muy largo aliento, es una construcción muy larga… Digo algo metido en el medio, la Argentina es un país geográficamente muy extendido, hasta que no haga un esfuerzo de muchos años en mejorar eficientemente su infraestructura de todo tipo, quiere decir si en todos lados tenemos agua, si en todos lados tenemos gas, si los oleoductos abastecen a los lugares correctos, si vamos a tener petróleo o si vamos a generar energía de modo renovable y no agotando los recursos, todo eso significa grandes inversiones que tendrían que estar ligadas por el estado, aunque el estado no tiene un mango pero sin esas configuraciones, todo lo demás es cartón pintado, borronear sobre el agua ideas que no tienen posibilidades de plasmarse. A estas cosas me refiero que es difícil imaginar una estrategia que diga; ah, con esta actividad nos salvamos todos, porque no existe tal cosa, por lo menos es lo que yo creo, ¿no?

– Claro, sí, sí, perfecto. Era eso, un poco… da para largo, lo sé pero la idea es de lo que quería que me comentara un poco su posición.

JL – Bueno, no sé si le sirvió de algo pero es lo que se me ocurre.

– Perfecto. Bueno, muchas gracias Javier.

JL – No es nada Patricia, suerte.

 

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Notas de JL

Economista; abuelo de tres hermosuras: Luli, Tini y Tomi; en fútbol sigo a San Lorenzo de Almagro. Sufriente admirador de Buenos Aires.