Los datos de empleo y desempleo según la EPH del primer trimestre de 2017

INDEC INFORMÓ QUE SUBIÓ EL DESEMPLEO Y EL GOBIERNO DIJO “ESTACIONALIDAD”

Según datos del Indec, el 23,3% de la población económicamente activa tiene problemas de empleo

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Por Delfina Torres Cabreros

 

La tasa de desocupación quedó al borde de los dos dígitos. Según el Indec, fue de 9,2% en el primer semestre del año, lo que significa un aumento del 1,6 puntos porcentuales respecto del período anterior. Si al número de desocupados se suman aquellas personas que demandan más horas de trabajo, la tasa de activos con problemas de empleo se eleva a 23,3%, lo que representa alrededor de 2,9 millones de personas en los 31 aglomerados relevados. Por otro lado, se registró una caída de la tasa de empleo, que fue la más baja desde que la nueva gestión del organismo estadístico reanudó las mediciones.

 

Los datos fueron extraídos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), que se realiza sobre un universo de 31 aglomerados urbanos. Según el propio Indec, los resultados arrojaron “un incremento estadísticamente significativo” de la tasa de desocupación, que pasó del 7,6% en el cuarto trimestre de 2016 a 9,2% en el primero de 2017. Según la muestra, la desocupación afecta a 1.150.000 trabajadores y a 1,9 millones si se extrapola a la población total del país. De todos modos, por el componente de la estacionalidad, la comparación correcta de la tasa de desocupación debe hacerse con los registros correspondientes al mismo período del año anterior. El problema es que los datos del primer trimestre del 2016 no están disponibles porque el Indec, que dirige Jorge Todesca, regularizó las mediciones a partir del segundo semestre del año pasado.

 

“El dato es sensiblemente peor de lo esperado. Aun corrigiendo el desempleo del cuarto trimestre de 2016 (7,6%) por el efecto estacional que causó una menor tasa de actividad, la desocupación en el primer trimestre de 2017 habría registrado un aumento del 1,2 puntos porcentuales (9,2% vs. 8,0%)”, aseguraron desde LCG. La consultora fundada por Martín Lousteau esbozó como posibles motivos la destrucción neta de empleo (124.000 puestos de trabajo) y la mayor cantidad de personas que ingresaron al mercado laboral esperando conseguir un trabajo (81.000), fenómeno que se observa cuando crece la necesidad de los hogares de complementar sus ingresos.

 

 

La interpretación del economista Javier Lindenboim, director del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (CEPED), es un tanto más optimista, o al menos más cautelosa. En diálogo con este diario sostuvo que, más allá de que una tasa de desocupación del 9,2% es “preocupante”, no cree que los datos, cotejados correctamente, muestren “un panorama negro”. “Si uno compara los datos de los primeros meses de este año de empleo registrado (SIPA), ve que en el paquete total, el de los 12 millones, da levemente una mejoría del empleo, con lo cual parece raro que aumente la tasa de desocupación”, señaló, y añadió: “Es cierto que el empleo registrado es sólo una parte del empleo total, pero si uno toma la EPH de los últimos 15 años es excepcional que el mercado laboral de los asalariados registrados se comporte de manera contraria al del trabajo precario”.

 

Además, el investigador precisó que por motivos estacionales “en diez de los doce años entre 2003 y 2015 la desocupación en el primer trimestre fue superior a la del trimestre anterior (cuarto del año previo), de modo que la suba ahora no es algo novedoso”. A la inversa, sostuvo que en la mayoría de los años el desempleo en el segundo trimestre fue menor que en el primero. “Si esto se diera en 2017, el dato del segundo trimestre podría marcar una menor tasa respecto del segundo de 2016”, agregó.

 

Grandes urbes en problemas

 

Si bien desde el Indec aclararon que en 19 de los 31 aglomerados urbanos medidos los indicadores se mantuvieron “sin cambios estadística mente significativos”, se observa un aumento generalizado de la tasa de desocupación. El Gran Buenos Aires registró la tasa de desocupación más alta del país, de 10,9%, pero también tiene la tasa más elevada de actividad: 47,6%. La sigue la región pampeana, con 8,8% de desocupación, y 45,3% de actividad. Detrás se encuentra el Noroeste (6,5% y 42,6%, respectivamente), la Patagonia (5,5% y 42%) y Cuyo (4,7% y 40,7%).

 

En las grandes ciudades la situación es más crítica, con tasas de desocupación que se ubican por encima de la media nacional. Los partidos del Gran Buenos Aires registraron una tasa de 11,8%; Rosario, 10,3% y Córdoba, 9,6%.

 

Actividad, empleo y subocupación 

 

La tasa de actividad del primer trimestre de 2017 fue 45,5%, apenas 0,2 puntos porcentuales superior a la del período anterior, lo que puede estar afectado por estacionalidad. Durante los primeros meses del año es habitual que más personas se vuelquen a la búsqueda de trabajo. Un punto crucial a observar es la evolución de la tasa de empleo: si –excluido el efecto estacional–  tiende a declinar, a estancarse o a crecer. “Mi impresión es que tenemos rasgos tenues de que dejó de caer la tasa de empleo”, evaluó Lindenboim. Sin embargo, en los datos publicados ayer –sin desestacionalizar y sin períodos comparables–, la tasa de empleo fue de 41,3%, lo que significa un decrecimiento respecto de los tres períodos anteriores. En el segundo trimestre de 2016 fue de 41,7%, en el tercero 42,1% y en el cuarto 41,9%.

 

Por otro lado, en los 31 aglomerados urbanos relevados la tasa de subocupación alcanzó el 9,9%. Es decir que hay 1,24 millones de trabajadores en esa condición y 2 de cada 3 están buscando activamente trabajar más. Un dato alentador, de todos modos, es que la proporción de trabajadores ocupados demandantes se redujo 0,6 puntos porcentuales en el trimestre.

DESGRABACION

– No sé si al final pudo ver los datos que le mandé o todavía no pudo ver el informe.

JL – No, no, porque como le decía; como no me anda bien la computadora, en el teléfono los vi, había alcanzado a bajar el informe pero no accedo a mis propios datos previos, porque la clave es tener alguna idea de qué relación hay sistemáticamente, si es que la hay, entre el primer y segundo trimestre de cada año.

– Sí, lo había perdido un segundito pero ahora lo escucho. Sí, este es el tema, el problema que estamos teniendo desde la normalización del INDEC es el tema de las comparaciones, que uno saca datos apresurados pero no hay forma de compararlos…

JL – Sí, en teoría es el último trimestre en el que nos pasa eso, a partir del próximo ya vamos a tener contra qué comparar.

– Claro, de todos modos con este error que usted mencionaba, lo que se está diciendo más a partir de estos nuevos datos es la comparación del cuarto trimestre del año pasado, de la desocupación que fue de 7,6 al 9,2 al que pasó ahora ¿no? Que el aumento es notable pero bueno, seguramente acá hay un tema de estacionalidad también ¿no?

JL –Eso seguro, sí, y también hay que ver qué pasa con las otras tasas, la de actividad y la de empleo.

– La de actividad bajó… no, pasó del cuarto trimestre del año pasado de 45,3 a 45,5…

JL – Sí, claro, pero el 45 ya era más bajo que el segundo trimestre del año pasado que era 46… Ahí sí seguro que hay un tema de estacionalidad porque normalmente en la segunda mitad del año, habitualmente la tasa de actividad declina porque se retiran oferentes y creo que eso pasó también con la tasa de empleo, que declinó la del cuarto trimestre respecto de los previos. Pero es difícil con esto hacer una composición del lugar que sea auto-sostenible. A ver, mi primera impresión es que el 9,5 es preocupante aunque llamativamente me parece, si no miré mal, que las tasas de subocupación no crecieron sino que declinaron, siempre en esta comparación impropia con el cuarto del año pasado ¿no?

– Sí.

JL – Por lo tanto la cosa parecería que tendría más sentido en hacer lo más difícil, que es mirar por aglomerados qué cosas han ocurrido diferencialmente, si es que pasó algo distintivo en algunos aglomerados respecto de otros, pero eso sí que no tuve oportunidad de mirar con detalle

– Sí, y cuando se tratan de dilucidar los motivos por los que aumentó la desocupación, de una cosa que se habla es de la posibilidad de que más gente haya salido a buscar trabajo ¿no?, ¿esto también debería haberse reflejado en la tasa de actividad, no es cierto?
JL –Claro, el que dice eso lo tiene que decir sobre la base de que sepa que la tasa de actividad aumento.

– Claro, la desocupación aumento 1,6 y la actividad 0,2 no tiene mucho sentido dar esa explicación ¿no?

JL – Bueno, pero 0,2 y 1,6 tienen denominadores distintos…

– ¿Cómo sería?

JL – Claro, la variación minúscula de la tasa de actividad es sobre el total de la población y la otra es solo sobre la población activa, así que es aserrín y pan rallado. Pero no, lo que hay que ver – insisto – al no tener el mismo trimestre, los contrastes cuantitativos debieran ser extremadamente cautelosos. Es más, yo diría que habría que evitar decir que subió o bajó porque en realidad no sabemos si subió o bajó respecto de aquello que es comparable, es decir es desde hace un año que justo hace un año no se hizo la encuesta de hogares. Entonces llama la atención porque si uno compara los datos de los primeros meses de este año con respecto al año pasado de empleo registrado, en el paquete total, en el de los doce millones da levemente una mejoría del empleo, con lo cual dicho así abruptamente pareciera raro que aumente la tasa de desocupación, pero el empleo registrado es una parte importante, pero una parte, del empleo total y por lo tanto no sabemos qué pudo haber ocurrido con los asalariados precarios, por ejemplo ¿no? Por lo tanto mi sensación es que tengo poco para aportarle ¿no?

– De todos modos me interesaría que me comente un poco, me lo dijo recién, pero cuál es la dinámica que en general se ve en un semestre y en el otro o en un primer trimestre como para entender cuáles son las cosas que aparecen recurrentemente, esto que usted decía que a principio de año las búsquedas se reactivan, la dinámica más general para entender el tema de la estacionalidad.

JL – Sí, habitualmente el primero, los primeros meses de cada año es el periodo en el cual los nuevos contingentes de jóvenes que deciden o son compelidos a buscar una ocupación, salen a intentarlo.

– Sí.

JL – Eso es lo que explica que habitualmente en los primeros meses aumente la tasa de actividad y puede ser, si el mercado de trabajo o el ciclo económico está en declinación, que no lo encuentren, y entonces aumente la tasa de desocupación. Eso es en términos potenciales. Lo que estoy diciendo es que respecto de finales del año pasado es imaginable que puedan haber aumentado ambas cosas. La clave, en este juego difícil de interpretar de las tasas, me parece que un punto crucial es qué pasa con la tasa de empleo. Si la tasa de empleo tiene excluido el efecto estacional, una tendencia a declinar, a estancarse o a crecer. Mi impresión es que tenemos rasgos tenues de que dejó de caer la tasa de empleo porque la tasa de empleo para periodos comparables, venía sistemáticamente cayendo en los últimos años, con independencia que no tengamos el numero del año pasado, lo que digo es que si uno mira por trimestre el dibujo que hacen las tasas de empleo va a ver que junto con la tasa de actividad de más o menos 2011-2012, las fuerzas que tiraban más intensamente eran las de caída y no las de las recuperaciones que en todos los años hubo. Eso me hace pensar que, dada la caída del ciclo económico el año pasado, del cual hay atisbos de recuperación a comienzos de este, el primer dato del 2017 no debiera ser necesariamente un dato negro, fíjese que estoy buscando las palabras como para no poner calificativos definitivos sino todos provisorios como pisando en el barro. Bueno, justamente la nota mía de hoy habla de esto, de la maraña estadística producto de que no tenemos datos.

– Lo que usted dice es que su percepción, según lo que usted intuye, cuando haya más datos, cuando se vaya continuando la serie y podamos comparar, es de esperar que la cosa mejore en vez de que empeore en tanto…

JL –Claro, guiándome principalmente del dato de registro que viene del SIPA, que mostró como todos sabemos, una primera mitad del año 2016 muy negativa, y una segunda mitad, que se continuó en los comienzos de este año, de constante recuperación en términos modestos.

– El tema es que la dinámica del empleo registrado y del empleo no registrado a veces no va en el mismo sentido o sí, siempre va en el mismo sentido…

JL –Es un punto interesante, uno puede hacer la razonable hipótesis de que a veces el mercado laboral de los asalariados registrados tenga muchas diferencias con el componente en negro, no registrado, el precario, sin embargo si uno toma la propia encuesta de hogares de los últimos diez-quince años, es excepcional que ambos componentes se comporten con signos contrarios, ¿se entiende?, lo cual me haría fortalecer la imaginación que tengo de que no creo que el comienzo del 2017 sea un año peor que el 2016 sino presumiblemente y siempre digo, en términos muy magros, de leve recuperación. Por esta cosa, porque aun en los años complicados del periodo precedente, como el 2009 por ejemplo, los comportamientos en términos de si uno crece y otro declina, el precario y los protegidos, sistemáticamente iban en casi todos los casos en el mismo sentido, podían ir más rápido o más despacio pero si uno subía el otro también, era muy raro que uno subiera y el otro declinara. Eso es lo que me hace pensar pero no tengo forma de probarlo, que cuando tengamos alguna otra posibilidad de contraste, no nos va a dar una sorpresa negativa la situación del mercado de trabajo, hablando de la cantidad de gente que está en el mercado de trabajo, en estos considerandos no entra para nada la discusión de si el sueldo me alcanza o no me alcanza.

– Claro, esa es otra discusión.

JL – Es otra conversación.

– Bueno Javier, dentro de la nebulosa en la que estamos, me aclaro algunos puntos…

JL – Qué suerte, bueno.

– Esperemos que ya la próxima vez que hablemos tengamos ya datos para comparar ¿no?

JL –Yo también espero lo mismo, mándeme el link cuando saque la nota.

– Como no, le mando el link, muchas gracias.

JL –No, al contrario. Chau.

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Notas de JL

Economista; abuelo de tres hermosuras: Luli, Tini y Tomi; en fútbol sigo a San Lorenzo de Almagro. Sufriente admirador de Buenos Aires.