Distribución del ingreso, PASO y disputas callejeras

Columna publicada en LA POLITICA ONLINE, 28-8-2017

 

Distribución del ingreso, PASO y disputas callejeras
Por Javier Lindenboim

Entre la convocatoria a la protesta del 22 de agosto y su realización se sucedieron informaciones y hechos que al menos no resultan nítidos justificativos de los reclamos.

Se sigue recuperando el empleo (en particular el privado registrado, que tuvo escaso dinamismo en los años recientes), este año -a diferencia de 2016- la variación de los salarios no ha sido sobrepasada por la de los precios, la participación salarial a comienzos de 2017 ha alcanzado niveles sin precedentes y en 2016 el porcentaje fue algo superior al del año 2014. A todo esto se agregó que el desempeño electoral oficial no fue lo calamitoso que podría haberse esperado ante descripciones extremadamente duras sobre la realidad socioeconómica vigente.

A título de ejemplo, puede verse la evolución del empleo registrado. A comienzos de 2016 sólo el autoempleo crecía y lo hacía a ritmo cansino. De allí en más, la delantera correspondió a los asalariados. El saldo aún es negativo para los asalariados privados, pero el cambio de signo iniciado hace un año sigue su rumbo. Entre diciembre de 2015 y julio de 2016 se perdieron 49.000 puestos de asalariados privados registrados. Desde entonces hasta mayo último se crearon 33.000.

En pocos trazos, y con las limitaciones derivadas de la no superación de los largos años de destrucción de nuestras estadísticas públicas, se puede decir que así como el empleo creció fuertemente durante el primer gobierno kirchnerista (compuesto de asalariados protegidos de modo principal), también en ese lapso mejoró significativamente el nivel del salario real y la participación de la remuneración de los trabajadores en el “reparto de la torta”.

Distribución funcional del ingreso

Es por demás lamentable que el instituto oficial no haya brindado información de los años intermedios de su última revisión de Cuentas Nacionales. En efecto sólo sabemos que para el INDEC en 2004 los trabajadores percibieron 32,5% del ingreso nacional y en 2016 52%.

Combinando los números del INDEC con los de instituciones lejanas a las autoridades actuales, se puede afirmar que durante la primera década de este siglo se ha producido una mejora significativa de dicha participación.

El Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA) es un núcleo integrado a la CTA de los Argentinos liderada por Hugo Yasky. El Centro de Estudios del Trabajo y el Desarrollo fue creado hace pocos meses en la Universidad de San Martín bajo la dirección del ex Ministro de Trabajo Carlos Tomada. Ambos grupos han difundido series que muestran que se han alcanzado niveles elevados en esta segunda década del siglo XXI. Otro núcleo de inserción universitaria es el Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (CEPED). Nuestras estimaciones también dan cuenta de un crecimiento significativo en lo que va desde la salida de la crisis de 2002 hasta ahora.

Los tres centros mencionados discrepan en cuanto a la metodología, razón por la cual tiene poco sentido cotejar los porcentajes alcanzados. Por eso, aun cuando alguna de las series llegue al famoso “fifty-fifty“, carece de lógica que se piense ese número en relación a los valores y al significado que, en su momento, le fueron otorgados por el Gral. Perón. En cambio, es útil cotejar el salto en la participación que revelan las distintas fuentes entre los dos años disponibles: 2004 y 2016.

Como se ve, hay diferencias significativas que ameritan una evaluación más minuciosa. De todos modos, no hay discrepancia alrededor de la existencia de una mejoría registrada en estos doce años aunque es poco claro el resultado en cuanto a su cuantía.

También puede hacerse la estimación tomando como referencia la evolución del salario real. Descartando la EPH (dado que el INDEC anunció que, al menos por ahora, no revisará sus resultados), puede usarse la serie de empleo asalariado registrado del sector privado para aproximar sus valores. En términos anuales, entre 2004 y 2009 creció 27,1%, mientras que entre 2009 y 2016 apenas 9,8% lo que, acumulado, da un incremento cercano al 40%, bastante menor que la mejora registrada por las cuentas nacionales.

Si tomamos esa referencia que vale para alrededor de la mitad de los asalariados, resulta difícil imaginar que la otra mitad de trabajadores (estatales y “en negro”) hayan tenido una evolución tanto más ventajosa como para elevar ese 40% a un 50% (CEPED o CETyD) o a un 60% (INDEC).

Las implicancias de los datos: la actualidad

La noticia de haberse alcanzado en 2016 un 52% de participación de los ingresos salariales no pareció sorprender. Es probable que una proporción mucho menor habría sido más acorde con la descripción dominante sobre la situación económica del año último. Además, al no brindarse datos oficiales de los años inmediatamente anteriores falta información útil para el análisis y la interpretación.

Pensemos en el último trienio. Hay fuertes indicios de que 2014 fue decididamente malo tanto en empleo como en materia de remuneraciones y que en 2015 (por lo menos en la primera parte) se han recuperado ambas variables. La descripción no es algo menor: en 2014 se perdieron cerca de 400.000 empleos, descendió dos puntos la participación salarial y hubo pérdida de salario real. De ser así, ¿cómo se explica la insistente afirmación acerca de que el año último fue no sólo malísimo, sino que la situación objetiva justificó los airados reclamos de diversos sectores sindicales, sociales y políticos? En cualquier caso ¿si este año ofrece indicadores mejores cómo se fundamentan las actuales demandas en comparación con su ausencia un par de años antes?

Una vez más se observa que la recuperación definitiva de las estadísticas públicas, incluyendo la tarea de revisión completa de los datos y el armado de series comparables es una tarea ineludible para comprender mejor lo que acontece e interpretar cómo actuamos. Igual, con cautela, podemos acercarnos a esa esquiva realidad.

 

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Notas de JL

Economista; abuelo de tres hermosuras: Luli, Tini y Tomi; en fútbol sigo a San Lorenzo de Almagro. Sufriente admirador de Buenos Aires.