Perspectivas del empleo en 2018

EL ECONOMISTA

EMPLEO: ¿AVANCE O ESTABILIDAD?

Tras una leve recuperación, el Gobierno ve con optimismo el 2018. Sin embargo, los analistas ven más continuidades que mejoras. Los salarios no crecerán en términos reales

Por Juan Strasnoy Peyre

 

La creación de empleo es, sin dudas, una de las grandes preocupaciones. Con una dinámica que no logra despegar, este año cerrará con números más que discretos. Entonces, se impone una pregunta: ¿cómo evolucionará en 2018? En un terreno donde prima la incertidumbre, en medio de los conflictos abiertos de caras a la votación en el Congreso del paquete de reformas con que el Gobierno busca transformar la estructura del mercado laboral (entre otros aspectos), las miradas son dispares. Optimismo oficial, expectativas moderadas entre empresarios y escepticismo en algunos analistas. Lo seguro es que nadie espera un gran salto.

 

La herencia de 2017

 

Este año se despedirá con una suave reactivación tras la caída de 2016. Tanto los datos de empleo registrado de los últimos meses difundidos por el Ministerio de Trabajo como los del tercer trimestre que proporcionó la EPH del Indec (que contemplan también el universo de los trabajadores informales) mostraron que la generación de puestos de trabajo comenzó a ganarle, por poco, al crecimiento poblacional. La cartera laboral informó que en septiembre el empleo registrado creció 2,1% interanual, aunque en el sector asalariado privado (el que contiene el llamado “empleo de calidad”) la suba fue apenas del 1,1%, con lo que sólo le empató a la expansión demográfica. Mientras, los indicadores laborales de la EPH mostraron un alza interanual de la tasa de empleo en el 3°T de 0,3 p.p..

 

El subsecretario de Estadísticas, Estudios y Políticas Laborales, José Anchorena, pronosticó que este año cerrará con cerca de 80.000 nuevos asalariados privados registrados, que sigue siendo el principal déficit de la gestión –a lo largo del año creció por debajo de la categoría monotributistas, que comprende modalidades de contratación más precarias–. El año pasado, al compás de la recesión, se habían registrado unos 45.000 asalariados menos. Considerando a todo el sector privado y al público, la estimación de crecimiento para 2017 llega a 300.000.

 

En un terreno donde prima la incertidumbre, en medio de los conflictos abiertos de caras a la votación en el Congreso del paquete de reformas con que el Gobierno busca transformar la estructura del mercado laboral (entre otros aspectos), las miradas son dispares. Optimismo oficial, expectativas moderadas entre empresarios y escepticismo en algunos analistas. Lo seguro es que nadie espera un gran salto.

 

Optimismo

 

El punto de partida para el Gobierno es considerar que los números muestran que “hemos salido del estancamiento laboral”. Además, aseguran que la aprobación del paquete reformista potenciará la creación de empleo. En concreto, Anchorena espera que el próximo año estén cerca de duplicarse los nuevos asalariados: “Creemos que en 2018 el crecimiento puede ser mayor, de unos 130.000 puestos asalariados”.

 

Un dato que en Alem al 600 creen que refleja ese panorama es el de las expectativas empresariales. Según la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) realizada por el Ministerio entre 2.800 compañías, en octubre el 11,7% de las firmas dijo que prevé aumentar su dotación y el 3,6% disminuirla, lo que arroja un resultado neto de 8,1%. “Llevamos tres meses seguidos con expectativas netas por encima del 6%”, celebró Anchorena.

 

Los números de la EIL son similares a los que relevó Manpower. Para el primer trimestre de 2018 midió una Expectativa Neta de Empleo de +8%. Pero el análisis de la consultora fue menos eufórico: habló de “un leve optimismo en los planes de contratación”. “Con 13% de los empleadores que esperan aumentar los niveles de personal y 79% que no pronostican cambios, vemos que se mantiene una tendencia de contratación estable, sin grandes movimientos en el corto plazo” explicó Fernando Podestá, vicepresidente de ManpowerGroup Argentina.

 

La cartera laboral informó que en septiembre el empleo registrado creció 2,1% interanual, aunque en el sector asalariado privado (el que contiene el llamado “empleo de calidad”) la suba fue apenas del 1,1%, con lo que sólo le empató a la expansión demográfica

 

Preocupación

 

Para el titular del CEPED, Javier Lindenboim, la suerte del mercado laboral es inseparable de la marcha de la economía: “Necesitamos incrementar la productividad significativamente y ver cómo la sociedad discute esa eventual mejoría en materia distributiva. Y esas dos cuestiones tienen serias dificultades porque los empresarios, al no decidirse a invertir, están pateando en contra de una necesidad que es social pero, desde el otro lado, también hay dificultades para sentarse a conversar. Así, es difícil imaginar que haya progresos en materia de productividad. Y si esto no ocurre, las chances de tener éxito pronto en materia de inflación se alejan”. Con esos elementos, sostuvo que sería muy poco probable que en 2018 se dé una dinámica superadora de la de este año y plantó que “es complicado que la mirada sea optimista; hoy lo veo preocupante”.

 

En números, Lindenboim estimó que “podemos tener un crecimiento parecido al de este año, del orden del 3%, lo cual no es suficiente, porque la relación empleo-producto viene siendo de alrededor de un tercio y eso da 1 punto, que es más o menos el crecimiento de la población, es decir, apenas alcanzaría para mantener el mercado de trabajo en un delicado equilibrio”.

 

En materia salarial, su mirada tampoco es esperanzadora. “Si no hay mejoramiento de la demanda laboral, es muy difícil imaginar que la mejora del salario real se materialice. Sabemos que el salario mejora cuando hay un lapso de demanda fuerte comparada con la oferta”. Su lectura tiene sustento a la luz de las declaraciones del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, que dijo que “las paritarias de 2018 deberían cerrar en torno al 16,6%” en línea con las expectativas inflacionarias de los empresarios plasmadas en el Relevamiento de Expectativas del Mercado del BCRA. Es decir, que el poder adquisitivo quede estancado.

 

Finalmente, el investigador del CEPED se refirió al posible impacto de la reforma laboral. “Primero, aún no sabemos qué cosas se van a aprobar. El tema es que si está plateada para producir algún ahorro al sector empresario y punto, no nos va resolver ningún problema, como no lo resolvieron las modificaciones que se dieron en los años noventa”, advirtió.

http://

Escuchar la entrevista completa

DESGRABACION

 – Perfecto, perfecto. ¿Ahí me escucha bien?

JL – Yo sí.

JPS – Perfecto. La idea, le comento, era charlar un poco sobre las proyecciones un poco mirando hacia el año que viene sobre la realidad del empleo en base a cómo está cerrando el año y quizás también si hay posibilidad de estimar un poco respecto de salarios y ese tipo de datos o de estimaciones. ¿Usted qué perfila para el año que viene teniendo en cuenta cómo evolucionó? Desde el Ministerio de Trabajo, ellos señalan que esperan que el crecimiento del empleo sea mucho más importante que este año que fue bastante moderado.

JL – Sí, aunque algo mejor que lo que fue el año pasado que fue embromadísimo ¿no?

JPS – Claro.

JL – A ver, es difícil porque hay serias discrepancias respecto de qué se puede pronosticar para el año 18 en materia de en qué etapa del ciclo económico vamos a estar. Las grandes encrucijadas macroeconómicas tienen un correlato inmediato en el mercado de trabajo y hay muy distintas apreciaciones respecto de lo que es previsible que ocurra el año próximo. No estoy hablando de lo que son los deseos, estoy hablando de las previsiones de aquellos que se animan a hacerlas, ¿no? No me estoy refiriendo a los gurúes que históricamente meten la cuchara tratando de empujar a una dirección que si se le quiere poner una etiqueta puede ser más típicamente de derecha o neoliberal o algo por el estilo, que hay varias voces enojadísimas en los últimos meses respecto de lo que ellos creen que está pasando y vaya a ocurrir pero estoy simplemente juntando lo que anda dando vueltas, incluso de ex funcionarios de este mismo gobierno ¿no? que están preocupados por diversas cuestiones. En apariencia el debate es entre la velocidad mayor o menor de los cambios o ajustes que en general los economistas coinciden en que han sido y son necesarios o con otro lenguaje, si se abordan o no se abordan cambios de carácter estructural que vienen siendo necesarios, no desde hace un par de años sino por lo menos desde hace un par de décadas. Digo; en ese panorama es difícil posicionarse para pronosticar que puede pasar al mercado de trabajo porque la verdad que el horizonte está bastante abierto. Hay una posibilidad de interpretar de que si todos están enojados, no es mala información pero es difícil encontrar un horizonte optimista dentro de la maraña de enojos cruzados que se pueden apreciar. Yo creo que en varias oportunidades charlamos o yo escribí sobre las necesidades que una economía como la Argentina tiene, de dos cosas referidas a la productividad; primero incrementarla significativamente más allá de lo que ha mejorado en los últimos diez, quince o veinte años y segundo cómo la sociedad discute esa eventual mejoría de la productividad en materia distributiva, y esas dos cuestiones que no son ni separadas ni están ajenas a cómo avizorar el horizonte, tienen serias dificultades, serias dificultades porque los empresarios al no decidirse a invertir, están pateando en contra de una necesidad que yo creo que es social, la del mejoramiento de la productividad, de la producción y de la productividad, las dos cosas. Pero desde el otro lado me parece que también hay, en algún sentido uno puede decir con buenas razones dificultades para sentarse a conversar porque el argumento es; no queremos discutir sobre nada que pueda significar algún paso atrás en materia de protección. Entonces en ese contexto es extremadamente difícil imaginarse que haya progresos en materia de productividad y si no hay progresos en materia de productividad, las chances de tener algún éxito relativamente pronto en materia de inflación, se aleja más. Entonces estoy juntando cosas que en las conversaciones a veces se ponen separadas y en mi cabeza, yo no las puedo separar porque creo que efectivamente una de las dificultades mayores que tiene la economía argentina, pasa por la cuestión inflacionaria y que esta a su vez es, entre otras, dependientes de la morosidad con que mejoramos la productividad y la mejora de la productividad está dependiendo también, no únicamente pero también, de la ineptitud del sector empresario por transformar las ganancias, que en algún momento la ex presidente dijo que la obtenían en pala, en inversiones. Entonces toda esta secuencia creo que es imposible no meterlas en consideración cuando uno quiere pensar qué es lo que puede depararnos el 2018 en materia laboral porque finalmente lo que ocurra en ese aspecto va a ser en buena medida, derivación del modo en que se resuelvan estas otras contradicciones o tensiones o conflictos, con lo cual estoy diciendo cómo mirón que no le de una respuesta taxativa, me parece ¿no?

JPS – O sea, uno podría interpretar de lo que acaba de decir que con estos elementos en consideración es muy difícil que se de una dinámica muy superadora de lo que fue este año.

JL – Sería un buen resumen, sí, sería un buen resumen. Digamos, todo lo que intenté borronear en la conversación apunta a que la mirada es difícil que sea significativamente optimista o si quiere saquele el significativamente.

JPS – Optimista.

JL – Optimista, es difícil por esto, porque creo que pese a que se afirma con razón de que hay una nueva orientación económica, estos aspectos que yo llamo estructurales perduran y digamos que lo que han cambiado son condiciones que en algún momento fueron favorables y en el momento actual no lo son, el fuerte crecimiento de Brasil nos ayudó enormemente en la década y media pasada pero ya van tres años que Brasil nos tira para abajo. La enormidad que para toda América Latina significó la irrupción de mil y pico millones de habitantes en China comprando, vendiendo, incidiendo en el mercado de capitales, no sólo en el mercado comercial con el ingreso a la organización mundial de comercio, fin del 2001, lo recibimos con beneplácito y buenos augurios en toda América Latina pero eso se atemperó y los efectos negativos de la burbuja inmobiliaria y financiera de mediados o fines de la primera década del siglo XXI se resolvieron en la parte más aguda pero no plenamente, por lo tanto se aminoró el nivel del comercio y el nivel de transacciones internacionales y todas las cosas que nos ayudaron y que en buena medida y en buena hora ayudaron a que América Latina diera unos cuantos pasos adelante en materia de lucha contra la pobreza, de mejoramiento de los índices de equidad, etc., se frenaron como consecuencia del atemperamiento o desaparición de algunas de estas cosas. Esto digo con independencia de las orientaciones que en cada uno de nuestros países hayamos tenido, que en algunos casos fueron en la misma dirección de esto que yo digo y en otros casos pueden haber ido en sentido contrario, pero ahora las condiciones en las cuales cualquier economía latinoamericana tiene por delante para funcionar se tiene que enfrentar con resolver internamente la orientación de sus políticas pero en un marco obviamente mucho peor que el que teníamos a la salida de la crisis del 2001 en toda América Latina, ese es el punto que me parece crucial. Ahora están más en carne viva las contradicciones internas, antes se podía disimular por los ingresos extraordinarios provenientes del comercio exterior o cosas de ese estilo. Entonces a favor de esa circunstancia internacional en el caso de Argentina hubo muchas cosas, por ejemplo la imposición de gravámenes para captar una parte de la renta extraordinaria que los productores o los exportadores, en nuestro caso de productos agropecuarios teníamos, pero en otros países de América Latina sin retenciones también capitalizaron de modos distintos algo de esa mejoría en la situación, pero eso ya no está, o por lo menos perdió la intensidad que tuvo y entonces es más visible que no tenemos más remedio que enfrentarnos con nuestras falencias que no son nuevas, indudablemente, y que yo no me pliego a la mirada simplificadora de que con poner una etiqueta a un gobierno, a uno por ser muy bueno supuestamente y a otro por ser muy malo, supuestamente, con eso me quedo tranquilo. Yo no me quedo tranquilo porque creo que en uno u otro caso si uno no aborda estas tensiones que mencionaba yo hace un momento, es difícil salir adelante. En ese contexto, como yo dudo de que se aborden significativamente, digamos; la discusión que está en este momento en el parlamento, si se adoptan o no modificaciones al sistema impositivo, al uso de los ingresos fiscales, a la atención o no atención de modificaciones al funcionamiento del sistema previsional o de la regulación del sistema laboral, en todas esas cosas entran ingredientes de estas cuestiones que yo estoy mencionando y yo con honestidad, no veo a los actores sociales y políticos con la mejor onda para hacer las discusiones, entonces no puedo ser optimista respecto de lo que… ojala que esté totalmente equivocado pero si usted me pide cómo lo veo hoy; lo veo preocupante. Es decir, a lo mejor podemos tener como las previsiones dicen, un crecimiento parecido al de este año que no se sabe bien pero que puede ser del orden del 3%, lo cual es un poco bueno porque es algo mejor que el crecimiento poblacional pero no suficiente porque la relación entre el crecimiento del producto y el crecimiento del empleo, que viene estando hace tiempo en alrededor de un tercio, da un punto y un punto es más o menos el crecimiento de la población, es decir apenas alcanzaría para mantener el mercado de trabajo en un delicado equilibrio, pero no de mejoramiento.

JPS – Claro.

JL – Y si no hay mejoramiento de la demanda laboral, es muy difícil imaginarse que la mejora del salario real se materialice, sabemos que el salario mejora cuando hay, aunque sea por un período, un lapso de demanda fuerte comparada con la oferta y lo que yo estoy diciendo es que lo que me puedo imaginar como esperable es que estemos equilibrando las características de la demanda y de la oferta y por lo tanto es difícil encontrar los factores que faciliten un mejoramiento en los ingresos reales. Todo esto imaginando que no haya cambios sustantivos en materia tecnológica que se traducen por un lado en la mejora de productividad por un lado pero por otro lado en menor demanda relativa de empleo, ¿si? Es decir, creo que estamos en un momento interesante para la observación y para la reflexión pero si uno quiere poner el catalejo en el año que viene en materia de mercado de trabajo, lo más probable que tengo para decir es que tenemos que estar inquietos y atentos a su desempeño, no con… cómo se llama, con cohetes y con banderines y cosas así para festejar demasiado porque, insisto de vuelta, ojala que me equivoque pero me parece que va a ser escaso lo que vamos a tener para festejar. Fíjese usted que después de estos dos años del gobierno actual, todavía no terminamos de recuperar el nivel de empleo en la industria, el empleo asalariado, ¿no?

JPS – Ha caído muchísimo, sí.

JL – Sí, sí, que cayó, se viene recuperando pero se viene recuperando con mucha mayor lentitud que lo que cayó entre mediados del 2015 y mediados del 2016, que fue el período peor…

JPS – El último mes volvió a caer, el de la industria, un poquito pero…

JL – Apenitas, pero esto habla de las dificultades que existen en el sector industrial aún con independencia de la ausencia de importantes decisiones empresarias en materia de inversión, que de concretarse no van a hacer mano de obra intensiva las inversiones que se realicen sino capital intensivo, y por lo tanto bienvenidas que sean aunque sean capital intensivas pero no va a ser por ahí por donde debe venir la mayor dinámica de la demanda ocupacional del año que viene. Es decir, estamos en un enredo complicado, creo que hay algo que puede uno decir que es bueno y es que a lo mejor esta complicación y estos tironeo que uno ostensiblemente ve, a lo mejor sirven para que terminemos de darnos cuenta de que la cosa no se resuelve ni con una consigna ni con una formulación simplificadora del tipo que fuere, sea más para un costado o sea más para el otro costado. En ninguno de los dos casos se ha probado que sean efectivamente exitosos salvo circunstancias excepcionales y por un tiempo.

JPS – Javier, le hago una consulta, la última quizás. Un poco retomando lo que decía recién, pero en concreto está en debate legislativo, la reforma laboral ¿no? que en conjunto con la reforma tributaria aportaría modificaciones al esquema del mercado laboral actual, ¿podría tener una incidencia significativa o entra un poco en el paquete de aquello que si después no..?, ¿cómo evalúa el impacto que podría tener?

JL – A ver, primero; no sabemos de qué carácter van a ser, ni una ni otra de la reforma en discusión porque los avatares de estos días no son claros en la materia. Hoy estuve viendo que se hablaba de una partición de la propuesta oficial pero no sé qué cosas  serían las susceptibles de ser aprobadas y qué cosas quedarían pendientes, por lo tanto me resulta difícil imaginar pero hasta donde yo entiendo no siendo abogado ni especialista en la materia particular, tengo la impresión que esto está pensado como para obtener secundariamente algún atractivo para mejorar la demanda ocupacional de las empresas medianas y chicas, en el aspecto de excluirles de aportes para las remuneraciones más bajas. El tema es – para mi gusto – por lo menos un par de cosas: Yo creo que también, creo que lo hemos charlado o le he escrito o ambas cosas; una cosa es posicionarse como yo creo posicionarme en general en defensa de la protección del sector que socialmente es indudablemente más débil, que es el sector del trabajo, y otra cosa es mirar para otro lado cuando uno percibe cotidianamente que hay con la bandera expuesta de ese cometido contribuir a empeorar la productividad media de la economía argentina, y eso puede pasar en el sector privado o puede pasar en el sector público. En el sector público es más obvio pero pasa en ambos. Entonces yo digo; si no nos proponemos discutir la necesidad de apuntar a esta modificación de la productividad media de la economía incluyendo todo, aún aquello de lo que querríamos que fuera lo último en ser considerado, va a ser difícil imaginarse que avancemos. Sobre este asunto, esta así llamado reforma laboral, a mí me parece que si está planteada como suena, para producir algún ahorro al sector empresario y punto, no nos va a resolver ningún problema, como no lo resolvió en materia de demanda laboral las modificaciones que se verificaron en los años 90

JPS – Claro.

JL – Pero insisto, soy un convencido de que no basta decir; ah, esto no me gusta porque huele a los 90 porque me acuerdo que en los 90 se hicieron cosas feas. Creo que eso hay que decirlo pero con eso sólo, no basta, nos engañamos. Creo que hace falta introducirse en el barro y en la discusión y decir; bueno, de qué se trata ¿no? Y bueno, hay muchos sectores que en cuanto uno se pone a pensar, a reflexionar y mucho más a expresarlo, se gana enemistades por todos lados, pero creo que hace falta nada más que dar la vuelta a la cabeza y mirar en los alrededores en distintos sectores y uno se va a dar cuenta que hay mucha tela para cortar, el tema es si vamos a estar o no vamos a estar a la altura de esas necesidades y las vamos a discutir en serio, en serio quiere decir… a ver, hace tres años hubo una ley que se suponía que era la panacea para terminar con el trabajo en negro, no se modificó ni un sólo punto de entonces para acá…

JPS – ¿Tampoco cree que esta iniciativa del blanqueo que incluye la reforma tampoco va a variar significativamente el tipo de empleo que se crea?

JL – Es que… Insisto, al no ser especialista, no puedo interpretar si hay vericuetos que a lo mejor me harían cambiar de opinión. Mi idea inicial, por los argumentos que acabo de comentar, es que es muy difícil imaginarme por un segundo aspecto que no mencioné, es que el contexto de aplicación de alguna modificación de este tipo para que tenga andamiento en materia de mejora de la demanda, es que tenemos que entrar en una etapa del ciclo de mayor crecimiento. Si no es así, como algún periodista dice, no por ser especialista sino por ser observador, por más ventaja que le den a los empresarios, si no hay quien le demande al empresario no va a invertir un mango, entonces esa es la segunda o la primera de las hojas de la tijera que me hacen ser cauteloso en la previsión de que con los calificativos que le demos a esta propuesta de reforma, buena, mala, pésima, asquerosa, lo que fuere, aunque fuere totalmente como se la califica, en beneficio del sector empresario, tampoco creo que por estas razones conjuntas, creo que termine revirtiéndose en mayor demanda laboral.

JPS – Javier, le agradezco muchísimo por el tiempo y le cuento que esto va a salir seguramente en unos diez días más o menos, que es cuando vamos a publicar una edición especial del diario con proyecciones de caras al año que viene, entonces vamos a tener una nota específica sobre empleo.

JL – Bueno, le voy a agradecer si cuando salga me manda el link, así lo guardo.

JPS – Perfecto, así será.

JL – Bueno, y mantengo mi confesión de deudor y en cuanto pueda retomar plenamente mi actividad de creación de artículos periodísticos, les voy a mandar uno a ustedes porque hace mucho que no lo hago.

JPS – Perfecto, muchísimas gracias, nos encantaría.

JL – Chau, hasta siempre.

https://drive.google.com/file/d/1LGEVvrKGp9TfgX9gDBbA3plTkj2notBD/view?usp=sharing
Share

Notas de JL

Economista; abuelo de tres hermosuras: Luli, Tini y Tomi; en fútbol sigo a San Lorenzo de Almagro. Sufriente admirador de Buenos Aires.