El trabajo, uno de los flancos débiles de las últimas décadas

Publicado en EL TRIBUNO

Mañana se conmemora en todo el mundo el Día de los Trabajadores. Virtualmente, es el día de la dignidad y del esfuerzo cotidiano por ganarse honestamente la vida. Y es uno de los puntos más débiles de la realidad política y social argentina en los últimos cuarenta años.

La exclusión

El sociólogo Agustín Salvia es un prestigioso investigador de la evolución del ingreso y el empleo, dos factores que van de la mano. Dirige el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, que en los años en que estuvo intervenido el Indec informó constantemente con datos que pueden molestar a algún gobernante pero que ningún estadista se permite ocultar. Salvia señaló hace un año que desde 2011, el desempleo y la precariedad laboral vienen creciendo, que afectan a casi el 50% del total de los trabajadores; la pobreza por ingresos mantiene sus fluctuaciones y el hábitat urbano, así como los servicios de educación, salud y justicia siguen reproduciendo desigualdades, conflictividades y desprotecciones sociales, dejando a no menos del 15% de los hogares urbanos en situación de extrema exclusión.

 

El empleo en Salta

No es culpa de un gobierno: es un grave problema de un país.

El desempleo es un problema dramático, pero suele funcionar como pancarta sin aportar nada para resolverlo.

Una proyección de los datos del censo 2010 estimaba que de 1.214.000 habitantes de Salta en esa fecha, 556.000 (de 25 a 64 años) formaban parte de la población en condiciones de trabajar, pero solo 387.000 estaban ocupados, 34.000 buscaban empleo y unos 135.000 estaban inactivos.

El economista de la UNSa y del Ielde, Jorge Paz, publicó recientemente un análisis donde recomendaba: “Que nos permitamos dudar por un momento de las sentencias que no se sostienen en datos”.

“El desempleo puede aumentar por muchísimas cosas y no solamente por cierre de fábricas y despidos. Aun no habiendo despidos, el desempleo puede aumentar porque hay más gente buscando trabajo, por ejemplo. O puede suceder que haya gente que esté desplazando su jubilación y de alguna manera esté trabando la movilidad laboral. Puede ocurrir que más jóvenes decidan no seguir estudiando y que salgan a buscar trabajo. Puede ocurrir que haya habido una oleada migratoria y que los puestos existentes y los que normalmente se crean año a año, no den abasto para integrar esas personas al sistema económico. Hay muchas, muchísimas razones, y no todas necesariamente pasan por el despido y por el cierre de fábricas”.

Luz amarilla

Otro técnico insospechado de ubicarse de uno u otro lado de “la grieta”, el economista Javier Lindenboim, señaló recientemente: “La luz, al menos amarilla, está encendida en este comienzo de 2018 habida cuenta del reconocimiento oficial de su dificultad para dominar a la inflación”. Destacaba también el más rápido aumento del dólar; los ajustes de tarifas y la reducción del déficit fiscal, “junto con la insistencia en contener los ajustes de salario en las convenciones colectivas por debajo de las previsiones inflacionarias”.

“De manera que aunque sean mirados con cautela, tanto los nuevos valores de empleo y desempleo como los de pobreza no pueden dejar de ser celebrados. Estar alertas ante probables caídas no nos impide apreciar los logros alcanzados en 2017. La gran pregunta es si podremos superar el comportamiento zigzagueante de toda esta década en cuyo desarrollo los años pares (no electorales) solo traían malas noticias. La respuesta está abierta”.

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Notas de JL

Economista; abuelo de tres hermosuras: Luli, Tini y Tomi; en fútbol sigo a San Lorenzo de Almagro. Sufriente admirador de Buenos Aires.